La tragedia de la ignorancia

Gerardo Gamba*

Ocho personas fallecidas por la aplicación de sueros multivitamínicos sin indicación médica. Todos jóvenes y lo peor, un padre y su hijo. Ocho vidas truncadas y cuántas familias rotas. Por un lado, un médico sin ética profesional ofrece una terapia para revitalizar el cuerpo, sin que exista la mínima evidencia de que tenga tal efecto. Sabemos muy bien que las vitaminas administradas en exceso simplemente se excretan a través de la orina. Aunado a esto, el suero que ofrece es hecho por él mismo, sin considerar el control de calidad que se debe tener cuando se prepara cualquier solución o medicamento que será administrado por vía intravenosa. El resultado fue generar una sepsis tan grave que llevó a los sujetos, que ni siquiera son pacientes porque no estaban enfermos de nada, a un cuadro grave de coagulación intravascular diseminada y la muerte. Ojalá que a ese médico, hoy prófugo, lo localicen y le apliquen la fuerza de la ley.

Por otro lado, que las personas no se cuestionen cómo es posible que un médico en su consultorio tenga un tratamiento maravilloso que no se utiliza en ninguno de los Institutos Nacionales de Salud, ni en los hospitales de alta especialidad de la Secretaría de Salud. Tampoco en los hospitales del IMSS ni en los hospitales del ISSSTE. No se utiliza en los hospitales de PEMEX y tampoco en ninguno de los hospitales privados de reconocido prestigio en todo el país.

He tratado con anterioridad en este espacio la combinación terrible entre la falta de ética profesional en ciertos médicos y la muy pobre cultura científica en nuestro medio, pero no está de más insistir. La medicina es una ciencia compleja. Existen múltiples variables que pueden hacer creer que un medicamento sirve cuando no es así. La administración de fármacos o compuestos naturales, así como cualquier tipo de intervención, conlleva riesgos. Se necesitan ensayos clínicos controlados que permitan determinar si un tratamiento es mejor que el placebo y si no tiene efectos negativos que resulten peores que la enfermedad que se está tratando.

Para todo lo que se hace en medicina existen consensos hechos por expertos internacionales y nacionales, guías generadas por los especialistas de cada ramo y decenas de publicaciones en revistas y libros serios sobre las terapias a seguir. Lo que no esté sustentado en esto es generalmente charlatanería y la forma de saberlo es que son terapias que no se utilizan en los centros médicos de excelencia.

Las flores de Bach, los tés de diversos tipos, la magnetoterapia, la orinoterapia, los injertos subcutáneos de glándulas porcinas, las limpias, los rezos, las inyecciones con tu propio plasma, las cápsulas de cúrcuma, etc., son terapias inventadas por gentes sin escrúpulos con fines puramente comerciales. Algunas pueden ser muy peligrosas, como ya lo vimos con los sueros vitaminados. Otras no hacen daño, pero no sirven y eso hace que el enfermo retrase el acceso a terapias reales.

La cultura científica en la población mexicana es muy deficiente y se ve potenciada porque nuestra sociedad está educada para aceptar dogmas, para ser poco inquisitiva, para no cuestionarse lo que dice la autoridad. Tratándose de medicina, el problema es muy grande. Lo que vimos la semana pasada es la punta del iceberg, porque la consecuencia fue tan grave que llamó la atención de los medios, pero hay miles de personas recibiendo terapias inadecuadas. Ojalá y las desafortunadas muertes que ocurrieron en Hermosillo al menos fueran de utilidad para que nuestra población sea más cuidadosa al considerar tratamientos alternativos poco convencionales.

*Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM

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