Valle del Carrizo: El ocaso de la estructura de riego
Alvaro Aragón/ Especial
En el norte de Sinaloa, el andamiaje que sostuvo la hegemonía agrícola durante décadas exhibe señales de fatiga estructural. El Distrito de Riego 076 Valle del Carrizo, diseñado bajo una lógica de eficiencia operativa tras la transferencia de los años noventa, registra una fragmentación institucional, descapitalización de activos y una metamorfosis en el régimen de tenencia de la tierra que vuelve más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. La crisis es el desenlace de un proceso erosivo y acumulativo que demanda una intervención técnica-gubernamental.
Durante años, el modelo descansó en la premisa descentralizadora para que los usuarios, cohesionados en módulos, tomaran el control de la operación y conservación de la infraestructura capilar, mientras el Estado retendría la rectoría normativa a través de la Comisión Nacional del Agua. Se buscó democratizar la gestión, pero la falta de un esquema de inversión de largo plazo terminó por atomizar la responsabilidad y diluir la visión de conjunto. En la teoría, este esquema prometía agilidad; en la práctica, generó una distribución desigual donde la unidad de riego se volvió un espacio para la riqueza personal.
Hoy, esa asimetría lacera la operatividad de la estructura de riego de El Carrizo. En tanto algunos módulos exhiben una administración robusta, otros sobreviven en el rezago operativo. Sin embargo, la vulnerabilidad crítica reside mayormente en la columna vertebral del sistema: la Red Mayor. Su deterioro acumulado rebasa la capacidad técnica y financiera de los módulos, evidenciando que el esfuerzo local es insuficiente cuando la infraestructura primaria falla. El riesgo es claro: si la red principal se colapsa, la eficiencia en el lote agrícola se vuelve una meta inalcanzable.
Este desgaste técnico va asociado a la Reforma al Artículo 27 Constitucional de 1992, que modificó el ADN social y productivo del campo. Al flexibilizar la tenencia de la tierra, se abrieron las puertas a dinámicas de mercado que priorizaron la acumulación sobre la equidad distributiva. Bajo la consolidación de unidades productivas de gran escala, construidas sobre la fragmentación formal del ejido, emergieron neolatifundios ocultos en la nomenclatura ejidal que concentran el control real del suelo y del agua. El resultado fue una reconfiguración del poder donde el agua dejó de ser un recurso compartido y se volvió un activo de dominio privado.
Ante este escenario, la solución no debe ser el desmantelamiento de la autonomía de los módulos ni el despojo del control hídrico a los productores. La propuesta debe ser una Reingeniería de la Gobernanza Hídrica basada en un modelo de Corresponsabilidad Pública-Social. Jurídicamente, esto implica la creación de un Fideicomiso de Infraestructura Estratégica donde la Conagua recupere su papel como inversor de la Red Mayor, pero bajo una fiscalización compartida con los usuarios. Técnicamente, es urgente transitar de la simple administración de cuotas a una gestión hídrica integrada que utilice telemetría y monitoreo digital para garantizar que el agua llegue al ejidatario más pequeño con la misma presión que al gran productor.
El fortalecimiento del distrito requiere que el Estado asuma el costo de la infraestructura mayor como un bien público de seguridad alimentaria, liberando a los módulos de cargas financieras que no les corresponden para que puedan concentrarse en la eficiencia secundaria. No se trata de quitarles el control a los ejidatarios ni a los neolatifundistas, sino de blindar sus derechos mediante una regulación que impida el acaparamiento de derechos de riego bajo figuras de acaparamiento tierra o de rentas opacas. El objetivo es empoderar al usuario real mediante la transparencia técnica, asegurando que la autonomía de los módulos no sea sinónimo de abandono gubernamental.
El Valle del Carrizo posee el capital humano y la experiencia necesarios para reinventarse, pero su viabilidad requiere un pacto hídrico que reconozca que el modelo original cumplió su ciclo y que la única forma de preservar el Distrito de Riego 076 es profesionalizando la gestión y rescatando la infraestructura desde su base. El sistema de riego ya dejó de evolucionar bajo criterios de equidad y técnica y la sostenibilidad del Valle no debe depender de quién tiene la llave del canal, sino de asegurar que, por ese canal, el agua fluya a las tierras de todos los productores.
