El nuevo desorden Trump
Rubén Martín
Si quedaba alguna duda de que el orden internacional de posguerra ha sido enterrado y liquidado por el ejercicio de poder imperial del segundo mandato de Donald Trump, la ilegal guerra de Estados Unidos (EU) e Israel en contra de Irán es una confirmación de que las instituciones, leyes y normas globales creadas después de la Segunda Guerra Mundial, no existen más. Es tan burdo el uso del poder por el simple derecho de tener poder militar, que en esta ocasión el gobierno de Estados Unidos ya ni siquiera se toma la molestia de hacer gestiones diplomáticas ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), o ante el Congreso de su país lo que incluso viola las leyes norteamericanas.
En esta ocasión incluso no se tomaron la molestia de inventar un pretexto o justificación para atacar Irán. En 2001, tras los ataques a las Torres Gemelas, Estados Unidos tuvo carta blanca para bombardear Afganistán donde supuestamente se escondían los dirigentes de Al Qaeda. En 2003 todavía buscaron el consenso de Naciones Unidas para invadir Irak alegando que el régimen de Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, lo que a la postre se confirmó que fue una mentira esparcida por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.
Tan no había razones ni claridad en los objetivos para bombardear Irán que incluso los comentaristas políticos de Estados Unidos se burlan de las maromas de la administración Trump para justificar la nueva escalada bélica en Medio Oriente.
Stephen Colbert, uno de los comentaristas políticos de mayor audiencia en la televisión estadounidense, enumeró las razones que ha alegado Trump o los miembros de su gabinete para ir a la guerra en contra de Irán. Primero dijeron que para hacer un cambio de régimen; para lograr la “libertad” del pueblo de Irán; porque temía que Irán atacara primero; porque era un ataque en respuesta a las “maniobras, trucos y tácticas dilatorias” que Irán usaba en las negociaciones con EU sobre su programa nuclear. En otro punto, el ataque se justificó para eliminar primero al ayatolá Jamenei antes de que él eliminara a Trump. “Lo intentaron dos veces; lo eliminé primero”, dijo el inquilino de la Casa Blanca y añadió que se temía que Irán se afianzara con misiles de largo alcance y armas nucleares, lo que sería una amenaza insostenible para el Medio Oriente, pero también para el pueblo estadounidense. “Nuestro propio país estaría amenazado y estuvo muy cerca de estarlo”, declaró Trump.
Pero hay una razón no reconocida pero que es esgrimida como la principal por varios críticos del gobierno de Trump: que esta es una guerra deseada y diseñada por Israel, en el gobierno de Benjamín Netanyahu, y que éste arrastró a Estados Unidos a esta aventura. Netanyahu tiene 30 años clamando que “Irán está a unas semanas de hacer de bombas nucleares”, lo cual no ha sucedido y si esa fuera la razón, entonces mintieron en junio del año pasado cuando en la llamada “Guerra de los 12 días” afirmaron que habían destruido el proyecto iraní de enriquecimiento de uranio necesario para hacerse de una bomba nuclear.
Lo cierto es que los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán, iniciados hace una semana, han resultado muy difíciles. Los expertos coinciden en que la respuesta de Irán ha sido más compleja y de mayor envergadura de la que esperaban. En lugar de atacar sólo a Israel y a objetivos militares de Estados Unidos en la región, Irán ha involucrado al menos a los siguientes países en los ataques: Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Chipre, Qatar, Omán, Baréin, Jordania, Siria, Kuwait y Líbano.
El ataque contra Irán se está convirtiendo en una guerra regional en Medio Oriente con reverberaciones en Europa. Y ya hay muestras públicas de descontento en países de la región. Ayer el exdiplomático y multimillonario de los Emiratos Árabes Unidos, Khalaf Ahmad al Habtoor, dio a conocer una carta pública donde plantea duras interrogantes para el Presidente de Estados Unidos: “¿Quién le dio la autoridad para arrastrar a nuestra región a una guerra con Irán? ¿Quién le dio permiso para convertir nuestra región en un campo de batalla?”, le preguntó Al Habtoor y lo cuestionó porque apenas dos semanas antes se había lanzado la supuesta Junta de Paz promovida por Trump, pero financiada en buena medida por los países del Golfo Pérsico.
Hasta ahora ninguno de los supuestos objetivos de Trump, salvo asesinar al ayatolá Alí Jameneí, ha sido alcanzado por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. Y si bien hay que condenar la violación a derechos humanos y la represión política del régimen político de los ayatolas en Irán, nada de ello le da derecho a Estados Unidos e Israel para decidir cuándo pueden atacar al país que deseen.
Lo cierto es que con esta nueva guerra se confirma que la potencia hegemónica en declive, que es Estados Unidos, ha terminado por romper el orden internacional que ellos mismos ayudaron a construir en la posguerra y que ahora impera un desorden mundial que se rige por los deseos imperiales de Donald Trump.
Estos deseos imperiales son cada vez más peligrosos para los países de América Latina, especialmente después de que el sábado 7 de marzo anunciaran en Doral, Florida la iniciativa “Escudo de las Américas”, con la participación de los 12 mandatarios de la región alineados a las políticas derechistas del gobierno de Estados Unidos. En particular se lanzó una fuerte amenaza para México cuando Trump sostuvo que nuestro país es “el epicentro” de la violencia criminal del hemisferio occidental y que algo se tiene que hacer al respecto. El gobierno guerrerista de Trump ya invadió Venezuela, tiene asfixiada a Cuba, amenazó con tomar el control del Canal de Panamá y ha anunciado posibles intervenciones contra el crimen organizado en Colombia y en nuestro país. Algo tenemos que hacer para impedir que un aspirante a emperador determine nuestros destinos. No podemos aspirar a vivir un mundo cuyas reglas las dicta un personaje inestable, intolerante, racista e imperialista como lo es el Presidente de Estados Unidos.
