¿México en llamas?

El abatimiento de “El Mencho” el domingo pasado, parece significar el primer paso hacia un México en llamas, pero no sólo por la ola de violencia que se desató, sino, por las múltiples reacciones que esto generó.

Ismael Jiménez

El abatimiento de “El Mencho” el domingo pasado, parece significar el primer paso hacia un México en llamas, pero, no sólo por la ola de violencia que desató el operativo para detener a Nemesio Rubén Oseguera Valencia, sino, por las múltiples reacciones que esto generó.

La primera de las batallas se dio con los enfrentamientos entre las fuerzas armadas contra los grupos del narco que reaccionaron con bloqueos y quema de unidades de transporte tanto de carga, de pasajeros y particulares, esto al parecer, con el “objetivo” de sembrar miedo y caos. Pero ¿contra quién?

Evidentemente, las conclusiones “generales” es la de sembrar pánico en la “población” pero, la pregunta obligada es ¿por qué? Es decir, se ha escrito mucho sobre que los grupos de la delincuencia apoyan a las comunidades y en algunos casos, asumen las funciones del gobierno atendiendo necesidades y demandas de servicios lo que, en “algunas” regiones, les gana la protección de los pobladores. Entonces ¿cuál es el interés de provocarles temor? 

Las otras batallas se escenificaron en los medios de comunicación en donde las conclusiones y deducciones fueron de todo tipo y en todos los sentidos mientras que, en redes sociales, los opinadores y usuarios de esas comunidades, “se dieron a la tarea de informar” contribuyendo a generar más caos y confusión pues lamentablemente tanto comentarios como imágenes utilizadas en ocasiones, o faltaban a la verdad, o simplemente no correspondían a los hechos.

Las plataformas digitales son una herramienta útil, pero también está probado que sirven para manipular y engañar. Buena parte de quienes participaron en esa “tarea informativa”, cayeron voluntaria o involuntariamente en la desinformación, tarea nada sencilla en cualquiera de los casos asumiendo que, quienes hayan incurrido en dichas fallas, lo hicieron de manera involuntaria, el problema es que con esa “contribución”, hasta el día de la entrega de esta colaboración, también manipularon los hechos.

Lamentablemente no es sencillo reportar y dar seguimiento a este tipo de hechos, pero quizás lo más prudente en estos casos y sobre todo en estos tiempos, es guardar la mesura y a partir de ahí, ofrecer la mejor información disponible sin caer en excesos y comentarios exacerbados que lo único que generan es una mayor polaridad entre los mexicanos.

Y es que a partir de concluir que se cuenta con la mejor información extraoficial y que el gobierno puede tender a manipular y ofrecer información de manera selectiva, entonces la campaña de desinformación termina cobrando más fuerza que los acontecimientos mismos.

Ante la magnitud de los hechos y la avalancha de información, dejamos de observar detalles que pueden ser relevantes y que bien valdría cuestionar más allá de los acontecimientos. 

Uno de los temas en el que vale la pena fijar la atención para dejar de emitir juicios deterministas es la “reacción” de los grupos del narco con lo que parece una violencia desmedida, esto porque, no es la primera ocasión que ocurre cuando uno de los cabecillas es detenido o abatido. Con esto no queremos entrar en la insulsa polémica si los hechos del domingo fueron más violentos que los sucedidos en otro momento, lo que deberíamos preguntarnos es ¿qué tan profundamente está enraizado el narco y hasta dónde alcanza sus vínculos con las autoridades? Aquí es en donde cobra sentido cuestionarse sobre el nivel de reacción cada que se asesta un golpe al narco.

Insistimos, no se trata de decir si los sucesos luego del operativo del domingo son los más grandes o los más violentos, lo que pretendemos señalar es que esos hechos, en medio de la guerra de desinformación, terminan por “normalizarse” bajo el argumento del “poder del narco”. Lo que pretendemos señalar es el nivel de la presencia del narcotráfico en varios estados del país, algo que no se consigue de la noche a la mañana, ni tampoco en seis, diez o quince años. Es decir, se necesita un arraigo profundo de corrupción colusión en todos los niveles del gobierno y de la sociedad para que esto se pueda fraguar. Y de eso, son responsables cuando menos los últimos seis presidentes de México.

Esto para algunos no es nuevo, pero concientizarlo puede ayudar a comprender que no se trata de un problema que se resuelva en un solo ataque armado al narco y que tampoco se consigue con la intervención militar de los Estados Unidos como algunas voces siguen aclamando. Tampoco es cuestión de si este gobierno es incapaz de resolverlo pues ni este ni en las últimas administraciones se han logrado avances significativos y lamentablemente quizás, tampoco se consiga en los próximos dos sexenios cuando menos. 

Tampoco es una visión derrotista ni conformista, pero buena parte del poder que ostenta el narco en el país proviene de la corrupción tanto de los gobiernos como de los particulares. Repeler a un enemigo que vive, come y duerme con el gobierno y con la sociedad en su conjunto, no será tarea fácil pues en el caso de las policías a todos sus niveles está profundamente infiltrada y eso explica de alguna manera que la coordinación del caos casi simultáneo del domingo en diferentes estados se pueda lograr gracias a la colusión de buena parte de los mandos policiales.

México no está en llamas por los sucesos del domingo, está en esa condición desde al menos hace 30 años. Hace unas semanas, circularon en redes sociales unos videos en los que se denunciaba a unos supuestos policías “ministeriales” del Estado de México que sin razones ni motivos aparentes estaban deteniendo automovilistas para extorsionarlos. Eso tampoco es nuevo, llevamos décadas sufriendo ese lastre de criminalidad, pero esa es una pequeña muestra de la corrupción en las policías porque es ahí donde comienza la cadena de corrupción que se enlaza con el narcotráfico

Este tipo de hechos, no alcanzan los titulares de ningún medio de comunicación sea impreso, digital, radiofónico o televisivo porque no “vende” lo mismo que una nota sobre el cobro de piso a los “negocios”. Así que la extorsión y secuestro a un automovilista puede llegar a ser mediático sólo cuando desaparece o aparece muerto, acción que contribuye a la guerra de desinformación. Ese es realmente, el México en llamas.

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