Ana Elizabeth Ayala: marcada por el pasado. La persigue el estigma de Guillermo-Billy- Chapman

Álvaro Aragón Ayala 

Por años, Ahome ha cargado con una pesada herencia de desorden financiero, deterioro institucional y obras inconclusas. Hoy, ese pasado es un lastre en el descabellado proyecto político de Ana Elizabeth Ayala Leyva, actual diputada federal y aspirante a la candidatura de Morena para la presidencia municipal.

El nombre de Ana Ayala no es ajeno a la memoria pública: entre 2018 y 2021, durante la administración del entonces alcalde Guillermo Billy Chapman, ocupó cargos estratégicos: primero como directora de Egresos y posteriormente como tesorera municipal. Fue precisamente en ese periodo cuando el Ayuntamiento de Ahome registró uno de los mayores colapsos financieros y operativos de su historia reciente.

La gestión de Chapman estuvo marcada por denuncias públicas relacionadas con el uso de facturas apócrifas, empresas fantasma y presuntas operaciones simuladas, conocidas técnicamente como EFOS. De acuerdo con reportes periodísticos, la red habría operado para justificar gastos inexistentes ante el Servicio de Administración Tributaria.

Estas irregularidades derivaron en investigaciones iniciadas por la Fiscalía General de la República, luego de que el entonces senador Mario Zamora Gastélum entregara documentación al fiscal Alejandro Gertz Manero. Aunque Ana Ayala escapó a la “investigación”, su cercanía con el núcleo administrativo de aquella gestión la mantiene vinculada, en la percepción pública, a una etapa caracterizada por el deterioro y la corrupción institucional.

LA DESVASTACIÓN MUNICIPAL

En Ahome, el sistema de drenaje sanitario presenta fallas crónicas en comunidades como Villa Gustavo Díaz Ordaz, Villa de Ahome y el Ejido 5 de Mayo. El alumbrado público, los servicios básicos y el mantenimiento urbano arrastran rezagos históricos. La reconstrucción integral requerirá inversiones multimillonarias que hoy el municipio no posee.

A ello se suma el estancamiento económico: comercio debilitado, presión fiscal sobre pequeños negocios y dificultades persistentes en el sector agrícola. En este escenario, la pregunta es inevitable: ¿dónde ha estado la representación política federal de Ahome? Ana Ayala es una diputada desconectada de la realidad municipal.

Desde su llegada a la Cámara de Diputados, Ana Ayala ha centrado buena parte de su actividad pública en la entrega de apoyos deportivos y eventos de gestión social útiles únicamente para aparecer en el Facebook o el Instagram. Sí, son acciones visibles, sí, pero insuficientes o nulos frente a los problemas estructurales del municipio.

A la legisladora federal no se le reconoce una agenda sólida en favor de los sectores productivos que sostienen la economía local: agricultura y agroindustria, comercio y servicios, industria y manufactura, pesca y acuicultura, construcción e infraestructura. Tampoco se le identifica como actor clave en la gestión de recursos federales para obras estratégicas o proyectos de reactivación económica municipal.

Otro elemento que pesa negativamente en su trayectoria es su largo paso por el SAT, entre 2000 y 2017, así como su relación laboral previa con Guillermo Chapman en esa dependencia. Este antecedente alimentó, en su momento, versiones sobre la existencia de redes internas dedicadas a prácticas irregulares, aunque sin resoluciones judiciales definitivas.

La suma de estos factores -proximidad con una administración cuestionada, bajo impacto legislativo y débil o pésima vinculación con los sectores productivos- configura un perfil con serias debilidades electorales.

MORENA ANTE UNA DECISIÓN CRUCIAL

Para el partido Movimiento Regeneración Nacional, el dilema es evidente: apostar por una figura asociada al pasado administrativo más desastroso, odiado y polémico del municipio o abrir espacio a perfiles con mayor credibilidad social.

En un Ahome marcado por el deterioro urbano, la desconfianza ciudadana y el cansancio frente a la simulación política, las candidaturas no se ganan con dádivas ni eventos mediáticos, ni con cobijas ni pelotas, sino con proyectos sólidos y autoridad moral.

Hoy, Ana Ayala enfrenta un obstáculo mayor que cualquier adversario: su propio historial. Ahome aún paga el costo de administraciones fallidas. En ese contexto, la aspiración de Ana Ayala parece anclada a un pasado que la ciudadanía no está dispuesta a repetir. Más que una candidatura viable, su proyecto luce como un recordatorio de lo que los ciudadanos quieren dejar atrás.

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