El enigma
Álvaro Aragón Ayala
Bajo la hipótesis policial de que un atentado criminal siempre esconde una verdad que hay que descubrir, investigadores de todos los calibres -federales, estatales, de inteligencia civil y militar, incluidos agentes de la DEA y del FBI interesados en la agenda de seguridad de Sinaloa, intentan descifrar el origen, la genética de la conspiración que desencadenó la agresión a balazos que sufrió el diputado local y dirigente del Movimiento Ciudadano en Sinaloa, Sergio Torres Félix.
Los motivos de la maquinación delictiva encierran un enigma de contrastes dado que Sergio Torres, quien fue herido de gravedad, es un político controversial, de luces y sombras, con un pasado de éxitos y de rompimientos políticos con figuras poderosas: Mario López Valdez y Quirino Ordaz, por citar dos ejemplos. Fracturado, también, con quien fuera su amigo, Jesús Valdez Palazuelos, aquel que junto con él y otros políticos “del recuerdo” integraron el legendario Grupo Culiacán.
Disruptivo, Sergio Torres es, además, un personaje cuya trayectoria es jalonada por la polémica ya que camina bajo la sombra de las interrogantes persistentes; con una biografía en donde los vacíos de información, los analistas, los críticos o sus opositores llenan con relatos -en ocasiones fantasiosos- que tratan de cubrirlo con una aurea de sospechas, que él y su equipo, siempre se esfuerzan por dispar. El diputado es usuario recurrente de la frase: “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”,
Para descifrar el enigma del atentado y dar con los responsables, los investigadores mapean sus círculos cercanos, recogen la declaración de sus socios políticos, hurgan en los detalles y gestos más pequeños, aunque parezcan insignificantes, que pudieron haber desencadenado la furia de quienes ordenaron la emboscada a balazos desarrollada por un comando fuertemente armado que, según las primeras indagatorias, vigilaba sus movimientos.
Los investigadores no descartan ninguna hipótesis. Buscan piezas para armar el rompecabezas, intentando “reconstruir” una posible agenda paralela que el diputado podría haber mantenido bajo reserva y que pudo haber desencadenado el atentado en el entendido de que la violencia contra los políticos no es aleatoria; es una herramienta táctica; cuando representan un riesgo para la estructura de costos o el control de un cártel, el riesgo de agresión aumenta drásticamente.
