Crisis de fe: vulnerabilidad empuja a miles a nuevas religiones, cultos y sectas que resultan peligrosas

La búsqueda de identidad y protección ha impulsado la migración hacia religiones alternativas en un país donde el catolicismo aún predomina, pero la vulnerabilidad abre la puerta a prácticas distorsionadas y peligrosas

Karen Ibeth Cardona

“La fe llega hasta donde el ser humano lo permite”, afirma Gloria, quien desde hace 25 años practica la Regla de Osha, una religión sincrética afrocaribeña que entrelaza la cosmovisión yoruba de África Occidental con el catolicismo cubano.

Para ella, convertirse en hija de Eleguá —deidad central de la religión yoruba— fue una experiencia profundamente gratificante. En su entorno familiar encontró respaldo y comprensión; fuera de él, en cambio, enfrentó estigmatización y prejuicio.

Gloria explica que su religión se ajusta a su forma de pensar y a sus valores, pero reconoce que en el camino se ha topado con prácticas que distorsionan su esencia. Habla de “charlatanería” y de personas que, lejos de preservar la tradición, buscan lucrar con la fe ajena.

“Es gente que tergiversa la religión, que mal informa a la gente y que incluso lucran con ella.

“Hay una frase que dice que la religión yoruba no es ni para pobres ni para huevones. Entonces, sí, efectivamente, yo creo que aquí en México siete de cada 10 santeros son charlatanes”, declara.

La mujer advierte que el problema no se limita al engaño económico. Algunas prácticas, señala, pueden derivar en situaciones peligrosas: “Los brujos sí te pueden causar la muerte”, declara.

Gloria enfatiza que la religión que practica no es mala como tal, y al contrario en ninguna de sus prácticas ha sentido que vayan en contra de sus propios principios, aunque dentro de ella pueden encontrar diferentes ramas donde las personas pueden tergiversar y aprovecharse de la gente que recurre a ellos.

“Estoy convencida de que todo lo que hago es para mi bienestar. Ni daño, ni perjudicar a las personas. Entonces, la religión va con mi ideología, va con mis principios porque es una religión que a mí en lo particular me encanta porque creo en ella”,declara.

El peligro entre la religión y el fanatismo

La doctora en Antropología por la UNAM, Angélica Galicia, explica que la migración hacia nuevas expresiones religiosas responde, en muchos casos, a la necesidad de encontrar espacios que se ajusten mejor a las creencias, valores e identidades personales.

En entrevista para Reporte Índigo, la especialista señala que este fenómeno se intensifica cuando ciertas comunidades, tradicionalmente católicas, manifiestan rechazo hacia grupos que no encajan en sus normas o visiones. Frente a ello, las personas buscan refugio en otros credos o incluso construyen sus propias formas de espiritualidad.

“Se organizan, se buscan, comparten ideales y metas. Si la religión que tenían ya no es operativa para ellos, forman su propio grupo religioso. Puedes llamarlo fanatismo o como quieras, pero te sientes refugiado ahí”, puntualiza.

Un ejemplo extremo de esta apropiación distorsionada de prácticas religiosas ocurrió en la década de los ochenta, cuando los medios de comunicación bautizaron como “narcosatánicos” a un grupo encabezado por Adolfo Constanzo, conocido como “El Padrino”. Esta organización combinaba cultos afrocaribeños con prácticas de brujería, bajo la creencia de que dichos rituales les otorgaban “protección” frente a grupos rivales del crimen organizado.

De acuerdo con las investigaciones, en sus ceremonias realizaban sacrificios y utilizaban restos humanos. Aunque públicamente fueron asociados con el satanismo, sus prácticas estaban vinculadas en realidad al Palo Mayombe, una religión de origen afrocubano. Constanzo incluso ofrecía estos rituales a otras organizaciones criminales, prometiendo una “protección” más poderosa a cambio de dinero.

La antropóloga señala que la vulnerabilidad, la falta de identidad y la necesidad de las personas al pertenecer a una “religión más accionaria” ha causado la migración de los creyentes a realizar otras prácticas.

“Pierdes esta fe, ya no es operativo el santo, la creencia que tenías, entonces buscas otras formas que pueden ser entes, símbolos u otros humanos, que compartan tus ideas, que comparten tus ideales, tus intereses y a quienes no compartan tus intereses e ideales los considerados enemigos” añade.

Catolicismo predomina en México

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, para 2020 en México había 97 millones 864 mil 218 personas católicas, mientras que 3 millones 103 mil 464 personas se identificaron como creyentes pese a que no practican alguna religión en particular. En tanto, 10 millones 211 mil 52 personas se declararon sin religión o ateas. De las 115.3 millones de personas que practican alguna religión o se identificaban como creyentes, 59.8 millones eran mujeres y 55.5 millones, hombres.

Otro factor que ha beneficiado a la migración a otros grupos religiosos es la vulnerabilidad en la que se encuentran las personas ante la situación de inseguridad que enfrenta el país o la simple región en la que viven.

“Salgo y me pueden raptar, me pueden matar, el mundo ha cambiado, es volátil, ya no sabes qué está pasando. Tiene que haber una deidad que responda. un ‘algo’ o una persona que responda a esta necesidad de protección. Entonces, esta inseguridad es lo que hace que se pierda su identidad. Una persona sin identidad, es vulnerable para que la jalen grupos, ya sean religiosos, narcotraficantes o fanáticos”, describe la especialista.

Vinculación entre sectarismo y crímenes

Cuando la fe se convierte en herramienta de control, el límite entre lo espiritual y lo criminal se diluye. En México, la manipulación religiosa ha sido señalada como un factor que puede derivar en daño a terceros, una característica que, de acuerdo con especialistas, permite diferenciar entre una práctica de culto y una secta.

La doctora en antropología, Angélica Galicia, explica que esta distinción aparece cuando la creencia deja de ser un acto personal y comienza a operar como un mecanismo de sometimiento.

“Cuando una petición se vuelve en contra o para agredir a otro, se está perdiendo el límite de la utilidad de una deidad, cuando se pierde el límite de la utilidad y hay un manejo ideológico te encuentras vulnerable (a ser manipulado)”, señala.

A lo largo de la historia reciente del país, el mal uso de la fe ha estado vinculado con diversos hechos ilícitos. Uno de los casos más recientes es la desaparición de Kimberly Moya, una estudiante de 16 años, vista por última vez el 2 de octubre de 2025, cuando salió de su casa con el pretexto de imprimir una tarea.

Tras el hecho, fueron detenidos Paulo Alberto “N” y Gabriel Rafael “N”. De acuerdo con las investigaciones, este último hizo llamadas durante más de tres horas a un número relacionado con un templo del Espiritualismo Trinitario Mariano el mismo día de la desaparición de la joven, un dato que ha encendido las alertas sobre el posible uso de la fe como medio de control y convencimiento.

Durante un cateo realizado en el taller del sospechoso se encontraron manchas de sangre en un colchón y suelo, además de botas, condones, juguetes, ropa de niños y los mismos símbolos pertenecientes al templo.

Pese a ello, aún no se tiene idea del paradero de la joven, pues los implicados se rehúsan a dar más información del caso. En tanto, la familia de la víctima ha pedido no estigmatizar al culto religioso.

Antecedentes de violencia relacionada con cultos

Esta no sería la primera vez que muertes o desapariciones de mujeres son relacionadas con cultos religiosos. Debe recordarse que desde 1991 se comenzaron a registrar una serie de feminicidios con víctimas de entre 9 y 25 años de edad, en Ciudad Juárez.

En ese entonces, la Procuraduría General de la República encontró cinco cuerpos con huellas de mutilación y con marcas de símbolos, por lo que una hipótesis fue que los crímenes correspondían a alguna secta religiosa. Sin embargo, nunca se acreditó esa teoría.

En julio del año pasado, también se dio a conocer el asesinato de policías en Pachuca, Hidalgo, cometido por una secta satánica, después de acudir a notificar una medida de protección, los dos policías fueron secuestrados en la capilla Angelito Negro y brutalmente golpeados.

De igual forma en septiembre de 2025 se desarticuló “una banda de santeros”. Dicha célula criminal cometía homicidios utilizando la sangre de sus víctimas para rituales de santería dedicados a la Santa Muerte. Entre las detenciones estuvo la de Álvaro “N”, alias “El Santero”, quien presuntamente buscaba consolidarse en dicha ciudad fronteriza a través de actos de extrema violencia.

Otro de los casos es el de la Iglesia de la Luz del Mundo, pues actualmente hay un juicio activo contra Naasón Joaquín García, su líder a quien se le acusa de tráfico sexual y crimen organizado.

Esta organización religiosa fue fundada en Guadalajara en 1926, su alcance ha sido tal que tiene presencia en 28 países. Pero ha sido criticada por realizar prácticas consideradas como “sectarias”, además de las múltiples acusaciones de exmiembros sobre abusos sexuales.

Jóvenes, los más vulnerables

En un país marcado por la incertidumbre, el miedo al futuro se ha convertido en terreno fértil para el fanatismo. La falta de certezas económicas y sociales, sumada a la sobreexposición mediática, ha hecho que cada vez más jóvenes sean vulnerables a discursos que prometen sentido, pertenencia y protección, advierte la antropóloga Angélica Galicia.

La académica explica que hoy existe una mayor difusión de grupos con prácticas radicales a través de medios y plataformas digitales, lo que ha facilitado su alcance entre las nuevas generaciones. Esta exposición, combinada con el contexto de crisis que atraviesa el país, provoca que muchos jóvenes se sientan desorientados frente a un porvenir incierto.

“No sabemos si vamos a tener empleo, si vamos a contar con una pensión. Esa inseguridad sobre el futuro es lo que provoca que los chavos ya no ya no piensen en cosas que nos daban cierta seguridad. Esta movilidad en el futuro y esta fugacidad provoca que los chicos piensen en cosas más inmediatas”, puntualiza.

De acuerdo con Galicia, este escenario de indefensión emocional y social los vuelve más susceptibles a depositar su confianza en cualquier figura o práctica que les ofrezca una sensación de seguridad, aun cuando implique perder autonomía o identidad.

“La indefensión de las juventudes los despersonaliza, les quita identidad y entonces en esta búsqueda de identidad toman lo que tienen a la mano y lo que tienen a la mano es a través de los medios. Entonces, cambia la moral, cambian las maneras de ver, las maneras de sentir. ¿quiénes son los que ganan? Pues los que toman a los chavos más indecisos puede ser un narco, puede ser un religioso, puede ser hasta un pedófilo”, añade.

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