Entre la amenaza externa y la deuda interna: México frente al discurso de Trump

Elio Villaseñor Gómez

Hablar de soberanía no es levantar la voz frente al extranjero, sino ejercer con responsabilidad el poder hacia adentro.

El reciente mensaje del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el que plantea la posibilidad de intervenir en México para combatir al crimen organizado, coloca al país frente a una verdad incómoda: la presión externa crece cuando la deuda interna se ignora.

Más que una amenaza aislada, el discurso del mandatario estadounidense expone las fisuras de un Estado que no ha logrado —o no ha querido— romper definitivamente con la impunidad.

La advertencia no fue ambigua. En una entrevista con Fox News, el 9 de enero de 2026, Trump afirmó que las fuerzas estadounidenses “comenzarán ahora a atacar por tierra” a los cárteles mexicanos, tras meses de operaciones navales, y sostuvo que estos grupos criminales “están controlando México”.

Trump no dirige sus palabras únicamente a los cárteles. Su mensaje apunta, de forma directa o velada, a las redes de protección política que han permitido que el crimen organizado opere durante décadas con altos niveles de tolerancia institucional.

Desde su lógica, el problema no se limita al tráfico de drogas, sino a la debilidad —y en algunos casos, complicidad— de las estructuras del poder público en México.

El contexto electoral en Estados Unidos es clave para entender el tono y el momento de estas declaraciones. Trump necesita proyectarse ante su electorado como un líder decidido, capaz de actuar donde otros han fallado. La seguridad fronteriza, el tráfico de fentanilo y la violencia asociada al narcotráfico se han convertido en ejes centrales de su discurso político. En ese marco, México aparece más como argumento electoral que como socio estratégico.

A diferencia de otros escenarios internacionales, una eventual intervención no sería abierta ni masiva. Todo indica que, de concretarse, sería focalizada: acciones dirigidas contra líderes de cárteles específicos y, eventualmente, contra actores políticos señalados por su colusión con estos grupos criminales.

Esta posibilidad no solo tensiona la relación bilateral, sino que deja al descubierto las fragilidades del Estado mexicano.

El verdadero dilema, sin embargo, no lleva el nombre de Trump. Es un dilema interno. ¿Permitirá México que una potencia extranjera marque la agenda de su seguridad nacional, o asumirá por fin la responsabilidad de sanear sus propias instituciones? La pregunta no es retórica: es política, histórica y profundamente ciudadana.

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una decisión que marcará época. Puede optar por una reacción defensiva, escudada en el discurso de la soberanía, o puede tomar la iniciativa para desmontar el entramado de impunidad que ha permitido la expansión del crimen organizado.

De su respuesta dependerá no solo la relación con Estados Unidos, sino algo más delicado: la confianza de la sociedad en su propio Estado.

Los hechos hablan por sí solos. Décadas de violencia, más de cien mil homicidios por sexenio y regiones enteras donde la autoridad civil ha sido desplazada confirman que el crimen organizado no se sostiene únicamente por su poder de fuego, sino por su arraigo en estructuras políticas y administrativas. Sin corrupción ni protección institucional, su dominio sería inviable.

Desde una perspectiva ciudadana, este momento exige algo más que gestos simbólicos o arengas nacionalistas. Exige liderazgo, voluntad política y una visión de Estado que esté a la altura del daño acumulado.

Romper el pacto de impunidad implica investigar, sancionar y separar del poder a quienes han hecho de la política un refugio para el crimen. No hacerlo deja un vacío que otros, desde fuera, estarán dispuestos a llenar

México no necesita una intervención extranjera. Necesita una intervención ética desde dentro. Porque la soberanía no se defiende negando la realidad, sino transformándola. Y porque ningún país puede exigir respeto afuera si ha renunciado a la justicia adentro.

* Elio Villaseñor Gómez es director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción del Diálogo A. C. (@Iniciativa_pcd).

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