¿Y los derechos de la población a una vida digna y segura?

Clara Jusidman

Los acontecimientos recientes plantean un escenario donde la utopía de  la realización de los derechos de las personas y su bienestar deja de ser el centro de la organización de los Estados, un propósito planteado después de la Segunda Guerra Mundial.

Los intereses de las élites de los diversos países tanto económicos, como políticos territoriales prevalecen por encima de la protección de la vida, de la integridad y de los deseos de las personas que habitan este planeta. La democracia como forma de ejercicio del poder por la población ha sido corrompida y abusada.

Capacidades estatales que proporcionaban servicios a las poblaciones y establecían reglas para la convivencia están siendo destruidas tanto por gobiernos de izquierda como de derecha. Asimismo, los organismos agencias internacionales que desarrollaban pactos entre los gobiernos para atender problemas graves para la humanidad y ofrecían recursos a las poblaciones en situaciones de desventaja, están siendo afectadas por órdenes ejecutivas del presidente Trump. Recientemente eliminó el financiamiento a 66 organizaciones internacionales entre ellas 31 del Sistema de Naciones Unidas. Previamente ya lo había hecho para la OMS y para el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Un ejemplo lamentable de esta era de cambio es la reciente invasión a Venezuela. Sus resultados ratifican que son los intereses de las élites conservadoras de EU las que buscaron volver a controlar los minerales y el petróleo de ese país y a dejarle claro a China que América Latina sigue siendo su traspatio. Uno se pregunta qué sucederá con la población venezolana que habita ese país, y con los casi 8 millones que están huyendo de éste.

Relatos de la noche de la invasión señalan que el uso de armas muy modernas, y aún no probadas, provocaron terror daño entre la población y la destrucción de infraestructura militar con la intervención de sólo 20 militares y tres helicópteros. La población sufrió un fuerte trauma y quedó en total incertidumbre.

Ahora bien, cuál va a ser el efecto en las poblaciones y en el futuro de la humanidad frente al desfinanciamiento de organismos internacionales que con todo y su burocratización e ineficiencia generaban espacios de diálogo y acuerdos sobre medio ambientedesarrollopobrezadesigualdaddiscriminaciónaguasalud derechos humanos entre otros temas de trascendencia global.

Esta insensata destrucción también afecta por cancelación de importantes fuentes de financiamientos como las de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), al entramado de las organizaciones de la sociedad civil tanto locales como internacionales cuyo trabajo consistía en defender y protestar frente a causas de interés colectivo, apoyar a poblaciones afectadas por guerras, sequías, desastres naturales y antropogénicos, o al nivel territorial brindado educación, salud, acceso a tecnologías entre muchas otras actividades.

Es decir, en este cambio de época se ha dejado de pensar en las personas, en su dignidad, en lo sagrado de sus vidas y en su derecho a participar en la definición del futuro del mundo. Son las élites, las burocracias, los poderosos, los autócratas que pelean por sus intereses materiales y de poder.

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