Interoceánico: ‘memoria y olvido’

Joel Hernández Santiago

El 28 de diciembre, a las 9:28 de la mañana, tras casi 1 hora y media de haber salido de Salina Cruz, Oaxaca, el Tren Interoceánico que llevaba a 250 pasajeros y 9 tripulantes descarriló y parte de su estructura metálica cayó a un barranco en Nizanda, todavía en Oaxaca

La tragedia conmocionó a todo el país y fue noticia mundial: un tren que se descarrila y causa la muerte a 14 personas y más de un centenar de heridos. Fue cosa de segundos. Unos segundos fatales que resumían una larga historia de promesas, de costos millonarios, de gastos millonarios, de contradicciones, de corrupción, negligencia, caprichos y traición. 

El Tren Interoceánico es una obra que impulsó el ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Era una de sus obras emblemáticas. Se dijo desde Palacio Nacional que habría de ser un medio de transporte de carga tan eficiente que en traslado de productos, materiales o personas podría competir con el Canal de Panamá, aunque en este caso por vía férrea.

Hay otras obras del tipo faraónico que ideó el expresidente y que a los mexicanos nos ha costado sangre, sudor y muchísimos recursos públicos. 

La primera ocurrió apenas comenzar AMLO su sexenio. Fue el traslado de la construcción de un gran aeropuerto de Texcoco hacia la base militar de Santa Lucía, en el municipio de Zumpango, Estado de México. En ese momento ya se tenía avanzada la obra. Cancelar Texcoco fue costosísimo, pero lo fue más construir el nuevo aeropuerto. 

El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) tuvo un costo de construcción siempre creciente. En el inicio se estimó que sería de 75 mil millones de pesos, sin embargo algunos reportes recientes señalan un costo, a 2025, cercano a los 450 mil millones de pesos, incluyendo la cancelación de Texcoco.

Es tal el fracaso que en fechas recientes el gobierno federal ha querido atraer a líneas aéreas para despegar y aterrizar en el AIFA, muchas se resisten. Quieren atraer, asimismo, a pasajeros para que vuelen desde Santa Lucía. Y nada, no levanta el vuelo. Pocos o nadie quieren aventurarse a tal distancia y con dificultades de traslado que hacen que, en algunos casos, sea más cara la llegada o salida del aeropuerto que el precio individual del boleto de avión. 

Luego la Refinería de Dos Bocas (Olmeca), en ParaísoTabasco. El ex presidente quiso instalarla ahí en una zona de por sí frágil, pantanosa y que en tiempo de lluvias se anega. Lo que es cierto, es que esta refinería ha resultado improductiva y sin solución hasta ahora. Nadie se atrevió a contradecir al mandatario de entonces, para advertirle estas adversidades. Se encaprichó en construir ahí un elefante blanco que todavía no produce el combustible prometido, y sigue siendo, junto con las otras obras emblemáticas, un barril sin fondo. 

Otra obra magna fue la construcción del Tren Maya. Una vía férrea que pretende recorrer la ruta maya en el sureste del país. El presupuesto inicial para la construcción de esta obra fue de cerca de 120 a 130 mil millones de pesos. 

No obstante, reportes a 2025 indican un costo superior a los 540 mil millones de pesos, o incluso hasta 594 mil millones, incluyendo sobrecostos y fondos para obras pendientes. Y se sigue invirtiendo en esta vía de comunicación que es, asimismo, un fracaso porque no ha tenido la aceptación ni la confianza que supuso el ex mandatario. Es el famoso tren sin pasajeros –o casi-.  

En todo caso sí hubo indignación nacional internacional porque para su trazado se sacrificó de forma salvaje e irresponsable la flora y la fauna mayas, así como vestigios prehispánicos y huellas de una de las culturas madre de nuestro país. 

Pero de vuelta al Tren Interoceánico. Al momento, la suspicacia hace suponer que la tardanza en dar a conocer las razones del descarrilamiento y la muerte de tantas personas y muchas más heridas tiene que ver con que tanto el gobierno federal como el  estatal buscan una justificación que cuidará proteger a los verdaderos responsables de la tragedia

Mucha improvisación en la construcción de estas obras; gente inexperta e ignorante participó en la construcción de esta vía férrea. La prueba de ello es la tragedia ocurrida. 

Hubo chanchullos que se denunciaron con toda anticipación, hubo riesgos de construcción advertidos con mucha anticipación, la piedra –balastro– no es de la calidad que requieren las vías del tren y el peso de los vagones (muy viejos, comprados en el exterior en donde ya se consideraban chatarra), dicen expertos; lo mismo los durmientes, algunos de los cuales muestran deterioro por el tiempo y medio ambiente.  

Ya se dijo que se estudió la “caja negra”. El tema es que no sabremos los mortales de a pie, que ocurrió en verdad. Probablemente pagarán “chivos expiatorios” el drama de muchas familias. Acaso se dirá, como ocurrió ya antes cuando se cayó el Metro en la línea 12 en donde se aseguró que fueron los pernos desgastados… O lo ocurrido con el colegio Rebsamen en donde toda la culpa recayó en la directora de la escuela.

La indolencia del gobierno predomina, la ambición de las empresas constructoras predomina. La ignorancia y la avaricia de quienes supervisaron la obra causaron los estragos que hoy duelen a 14 familias, a las que ya se acusa de “querer más dinero” luego de que anunciaran una demanda legal.

La confianza del gobierno en que lo ocurrido pronto se olvidará entre los mexicanos que –dicen- son de corta memoria y que pasados unos días esto dejará de ser noticia. Sobrepondrán alguna información estruendosa para desaparecer el tema Tren Interoceánico, con lo que suponen que se dejará atrás lo ocurrido y nunca sabremos quiénes fueron los responsables de la tragedia.

Y luego, tiempo después, otra vez, ocurrirá una tragedia –ojalá no, ojalá no— pero dadas las condiciones y características de las obras “emblemáticas” podría ser. Y dirán: “Fueron los pernos”. 

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