Adiós al PRD: Una crisis sin izquierda socialista

Carlos Ramírez

Una de las principales aristas de la crisis nacional es de carácter retórico: la gramática ideológica. El grupo de la Corriente Democrática del PRI que reventó la cohesión hegemónica priísta 1929-1988 se asumió como una formación de izquierda, aunque nunca se preocupó por ofrecer una explicación ideológica del concepto, a pesar de que tuvo en su seno en 1988 al Partido Comunista Mexicano de filiación marxista-leninista.

El concepto de izquierda en México ha carecido de indagación metodológica. En 1962 el político priista Enrique González Pedrero afirmó: “la izquierda nació con la Revolución Mexicana”. En 1968, el dirigente sindical obrero Vicente Lombardo Toledano, de orígenes marxista-leninista, escribió un largo ensayo sobre la izquierda en México y marcó su destino histórico en una alianza con la burguesía nacionalista entonces casi inexistente.

Por principio de cuentas, el concepto de izquierda es totalizador, pero vacío. El origen de la palabra viene de la asamblea francesa de la revolución porque el Tercer Estado, el pueblo, estaba a la izquierda del presídium. En términos estrictos, esa izquierda era solo antimonárquica, del pueblo y sobre todo jacobina. En 1847 Marx dio el salto histórico para definir a la izquierda como un concepto comunista basado en la división binaria del sistema productivo: obreros y propietarios, y en ese sentido la izquierda –como llegó a decir Sartre– es marxista o no será.

La izquierda cardenista, en efecto, nació del seno del PRI y resultó una mixtura extraña entre el populismo de capitalismo monopolista de Estado y socialismo marxista utópico sin lucha de clases, exploración ésta que se basa en el modelo social-popular del presidente Lázaro Cárdenas.

El PRD nació en 1989 de una síntesis oximorónica entre la izquierda del PRI y la izquierda del Partido Comunista y su propuesta excluyó la esencia marxista para quedarse en un populismo poscardenista. La llegada al poder en el gobierno del DF en 1997 no construyó una propuesta izquierdista-socialista, sino que se agotó en un populismo asistencialista de control de masas como base electoral, modelo más cercano al bonapartismo analizado por Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte.

El gobierno de López Obrador no se ha autodefinido de izquierda, pero tampoco ha rechazado las caracterizaciones que lo ubican en ese posicionamiento brujular. Los últimos comunistas del PCM se afiliaron al área legislativa y solo han flotado a lo largo de poco más de treinta años, pero sin incidir alguna definición ideológica. Los periódicos españoles, que asumen la socialdemocracia como de izquierda, han encontrado el camino fácil de caracterizaciones sin sustento.

Lo grave de la existencia de una izquierda retórica sin referentes socialistas ha radicado en el hecho de que la lucha de sistemas se circunscribe al relevo elitista en posiciones de elección popular, sin una propuesta de modificación del sistema productivo a partir de las propuestas marxistas. Los gobiernos del PRD en la capital de la República y ahora en el gobierno federal no son ni de izquierda jacobina ni de izquierda socialista, toda vez que han sido producto no de una ruptura revolucionaria sino de un relevo electoral que ha impedido golpes radicales de timón ideológico.

La crisis política de México enfrenta la ausencia de una izquierda socialista, toda vez que en estos días el PRD abandonó su línea ideológica de izquierda retórica y se acercó más a una socialdemocracia de derecha por sus fundamentos liberales de respeto a la propiedad y de abandono del eje ideológico socialista de la lucha de clases para definir equilibrios de poder.

Una verdadera izquierda socialista en el poder debe ser producto de una ruptura revolucionaria, inclusive con perfiles pacíficos, pero con el objetivo de romper desde el poder la lógica capitalista de la acumulación privada de la riqueza social y la construcción de una base obrera con participación directa en el sistema productivo. Cualquier otro modelo no será más que una versión maquillada de una izquierda capitalista. En este sentido, hasta hoy no existe en México una corriente sólida de pensamiento socialista-marxista que pudiera intentar alguna explicación teórica de la crisis del sistema político priísta en sus tres variantes: PRI, PRD y Morena. Estas tres corrientes no han roto el cordón umbilical que las ata al modelo de capitalismo monopolista de Estado con alianza estratégica con la empresa privada del periodo 1917-2024.

Sin una izquierda socialista, el relevo sistémico del PRI-PAN a Morena en 2024 mantendrá la crisis estructural del capitalismo mexicano y conservará sin modificaciones la actual distribución de la riqueza que beneficia al capital a costa del empobrecimiento social.

Con información de Indicador

Una de las principales aristas de la crisis nacional es de carácter retórico: la gramática ideológica. El grupo de la Corriente Democrática del PRI que reventó la cohesión hegemónica priísta 1929-1988 se asumió como una formación de izquierda, aunque nunca se preocupó por ofrecer una explicación ideológica del concepto, a pesar de que tuvo en su seno en 1988 al Partido Comunista Mexicano de filiación marxista-leninista.

El concepto de izquierda en México ha carecido de indagación metodológica. En 1962 el político priista Enrique González Pedrero afirmó: “la izquierda nació con la Revolución Mexicana”. En 1968, el dirigente sindical obrero Vicente Lombardo Toledano, de orígenes marxista-leninista, escribió un largo ensayo sobre la izquierda en México y marcó su destino histórico en una alianza con la burguesía nacionalista entonces casi inexistente.

Por principio de cuentas, el concepto de izquierda es totalizador, pero vacío. El origen de la palabra viene de la asamblea francesa de la revolución porque el Tercer Estado, el pueblo, estaba a la izquierda del presídium. En términos estrictos, esa izquierda era solo antimonárquica, del pueblo y sobre todo jacobina. En 1847 Marx dio el salto histórico para definir a la izquierda como un concepto comunista basado en la división binaria del sistema productivo: obreros y propietarios, y en ese sentido la izquierda –como llegó a decir Sartre– es marxista o no será.

La izquierda cardenista, en efecto, nació del seno del PRI y resultó una mixtura extraña entre el populismo de capitalismo monopolista de Estado y socialismo marxista utópico sin lucha de clases, exploración ésta que se basa en el modelo social-popular del presidente Lázaro Cárdenas.

El PRD nació en 1989 de una síntesis oximorónica entre la izquierda del PRI y la izquierda del Partido Comunista y su propuesta excluyó la esencia marxista para quedarse en un populismo poscardenista. La llegada al poder en el gobierno del DF en 1997 no construyó una propuesta izquierdista-socialista, sino que se agotó en un populismo asistencialista de control de masas como base electoral, modelo más cercano al bonapartismo analizado por Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte.

El gobierno de López Obrador no se ha autodefinido de izquierda, pero tampoco ha rechazado las caracterizaciones que lo ubican en ese posicionamiento brujular. Los últimos comunistas del PCM se afiliaron al área legislativa y solo han flotado a lo largo de poco más de treinta años, pero sin incidir alguna definición ideológica. Los periódicos españoles, que asumen la socialdemocracia como de izquierda, han encontrado el camino fácil de caracterizaciones sin sustento.

Lo grave de la existencia de una izquierda retórica sin referentes socialistas ha radicado en el hecho de que la lucha de sistemas se circunscribe al relevo elitista en posiciones de elección popular, sin una propuesta de modificación del sistema productivo a partir de las propuestas marxistas. Los gobiernos del PRD en la capital de la República y ahora en el gobierno federal no son ni de izquierda jacobina ni de izquierda socialista, toda vez que han sido producto no de una ruptura revolucionaria sino de un relevo electoral que ha impedido golpes radicales de timón ideológico.

La crisis política de México enfrenta la ausencia de una izquierda socialista, toda vez que en estos días el PRD abandonó su línea ideológica de izquierda retórica y se acercó más a una socialdemocracia de derecha por sus fundamentos liberales de respeto a la propiedad y de abandono del eje ideológico socialista de la lucha de clases para definir equilibrios de poder.

Una verdadera izquierda socialista en el poder debe ser producto de una ruptura revolucionaria, inclusive con perfiles pacíficos, pero con el objetivo de romper desde el poder la lógica capitalista de la acumulación privada de la riqueza social y la construcción de una base obrera con participación directa en el sistema productivo. Cualquier otro modelo no será más que una versión maquillada de una izquierda capitalista. En este sentido, hasta hoy no existe en México una corriente sólida de pensamiento socialista-marxista que pudiera intentar alguna explicación teórica de la crisis del sistema político priísta en sus tres variantes: PRI, PRD y Morena. Estas tres corrientes no han roto el cordón umbilical que las ata al modelo de capitalismo monopolista de Estado con alianza estratégica con la empresa privada del periodo 1917-2024.

Sin una izquierda socialista, el relevo sistémico del PRI-PAN a Morena en 2024 mantendrá la crisis estructural del capitalismo mexicano y conservará sin modificaciones la actual distribución de la riqueza que beneficia al capital a costa del empobrecimiento social.

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