Las bocas de ganso y la criminalización pública

Álvaro Aragón Ayala

El gobierno de Rubén Rocha Moya sataniza a los periodistas no orgánicos, no gubernamentales, no alineados a la consigna de criminalización del Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y del fundador y dirigente del Partido Sinaloense, y los exhibe en La Semanera como periodistas “subsidiados”, purificando a los comunicadores que usa en su campaña de linchamiento contra Jesús Madueña Molina y Héctor Melesio Cuén Ojeda.
Rocha Moya apoya su plataforma o estrategia informativa, su vocería, en un grupo de periodistas o medios que mediante contratos reciben fondos o apoyo de origen gubernamental, convenios que ha amenazado con cancelárselos a los comunicadores que no estén de acuerdo con el trato que les brinda en su conferencia La Semanera. Los quiere tratar o los trata como empleados de su gobierno.
El mandatario estatal dio un salto hacia atrás en su visión crítica sobre el análisis, contraanálisis y metaánalisis, al asumir una actitud agresiva y peligrosa para el ejercicio del periodismo no oficial colocando en una posición de alto riesgo a quienes disienten de su ejercicio de gobierno y no se ajustan al control de la agenda anti-UAS y anti-Cuén. Instala a las voces no dominadas ante el riesgo de un atentado criminal.
Quienes profundizan en el análisis de la Ley de Educación Superior de Sinaloa, que atenta contra la autonomía universitaria, y describen la persecución y la criminalización de que son víctimas Madueña Molina y Cuén Ojeda se coinvirtieron en personajes non gratos para el régimen de Rubén Rocha. La razón: no se han prestado a actuar como voceros, amanuenses o bocas de ganso.
El periodista Juan Manuel Partida Valdez, líder de la Asociación de Periodistas de Sinaloa -que agrupa a más de 100 comunicadores- reveló una de las aristas de Rubén Rocha Moya: la creación de montajes. “A los enemigos les inventan, hacen montajes, y a los amigos los vuelven buenos. Hay casos muy emblemáticos. Eres cuate de ayudo; no eres cuate te friego. Así funciona la justicia”, dijo.
En efecto. Rocha Moya logró crear una estructura para la persecución informativa y el linchamiento público, con cargo al erario estatal, que tiene como propósito deshonrar a quien el catalogue como sus enemigos, algunos colocados en ese rango tan solo por ejercer la libertad de expresión y no comulgar con los procesos de criminalización pública.
El andamiaje informativo de Rocha Moya le ha servido para:
1.- Crear escenarios falsos en medios de comunicación, en los que se difunden o publican verdades a medias o mentiras completas, con datos falsos o adulterados. Las publicaciones en la mayoría de los casos son en portada e interiores con letras negras o rojas para que destaquen.
2.- Ese escenario sirve para juzgar y sentenciar, criminalizar, sin derecho a la presunción de inocencia y a un debido proceso a los personajes blancos de las campañas de Rocha. La fabricación del teatro informativo es novelesca, con tintes de investigación, de tal manera que despierta el morbo de los lectores o escuchas.
3.- Con base en ese escenario distorsionado, se elaboran “análisis” o columnas y se entrevistan a personajes a quienes se les instruye sobre lo que deben “denunciar” y que obviamente abonan al proceso del linchamiento.
4.- En este proceso de lapidación política, pública y privada, están involucrados opinólogos, analistas y columnistas, que otorgan grados de veracidad al escenario falso o a las verdades a medias, completando así un círculo que se repite a diario o cada semana, según la dinámica informativa de la estrategia.
5.- La conferencia La Semanera le ha servido a Rocha para aportar veneno que sus aliados informativos se encargan de expandir y de ser posible a reactivar, dinamizar, para que su efecto “periodístico” sea más letal.
La campaña de linchamiento público que ya alcanza a algunos periodistas como Juan Manuel Partida Valdez (no del agrado de Rubén Rocha), analistas de la talla de Wilfrido Ibarra Escobar, Miguel Ángel Ortiz Mata, José Luis López Duarte, y está por llegarles a Felipe Manzanarez, Osvaldo Villaseñor, Alfonso Carlos Ontiveros Salas, y otros más, se ajusta a la perfección a la métrica de la criminalización de los periodistas no oficiales, no gubernamentales.
Así, pues, la violencia ejercida por Rubén Rocha raya en el delito de lesa humanidad, pues se sostiene en una colusión de funcionarios públicos con diputados del Congreso Local, cuyo propósito es degradar o desprestigiar mediante la fabricación de montajes que son replicados y dados por ciertos cuando no hay argumentos para acreditar su veracidad.
Hay dos versiones aceptadas sobre el origen de la expresión “bocas de ganso” que se endilga en ocasiones a algunos comunicadores:
1.- Un ganso grazna y el resto lo imita, lo que origina un coro de chirridos. Basta con que un ganso suelte el graznido para que los demás se sumen inmediatamente con el mismo sonido. En este caso, las personas que imitan al iniciador son las que “hablan por boca de ganso”.
2.- En los siglos XVII y XVIII los maestros en Europa eran conocidos con el apodo de “gansos”; solían verlos en la calle caminando detrás del grupo de nenes y nenas como si estuvieran arreándolos para no perder a ninguno en el camino. Ese estilo imita al del ganso adulto que siempre camina detrás de la cría. Los maestros, ayos y preceptores, pasaron a ser “gansos” y el alumno que repetía lo que decía el maestro, probablemente sin entender lo que estaba diciendo, fue señalado como aquel que “hablaba por boca de ganso”.

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