El PRI, los ex gobernadores y la Cuarta Transformación

Álvaro Aragón Ayala 

A dos meses de distancia de que se instale en Sinaloa el gobierno de la Cuarta Transformación, en el edificio del otrora invencible Partido Revolucionario Institucional priva la incertidumbre por no saber quién será el nuevo padrino que le inyectará dinero y esfuerzos para buscar reagrupar a los derrotados grupos priistas de 17 de los 18 municipios para orientarlos a un proyecto seguro rumbo a las elecciones del 2024. El PRI paso de la fase de la quiebra moral a la debacle económica. 

El Revolucionario Institucional quedó a la deriva, huérfano, sin padrinazgo. En las pasadas elecciones el “líder” máximo del tricolor, el gobernador Quirino Ordaz Coppel, fue derrotado junto con su candidato de la alianza PRI-PAN-PRD, Mario Zamora Gastélum, y no se divisa hasta ahora ninguna figura sólida, por encima de lo emblemático, para que se haga cargo del tricolor estatal y que tenga marcado interés en volver a agrupar a las menguadas fuerzas internas para participar en una la futura contienda electoral. 

Si bien el PRI posee una dirigencia estatal formal, sin cimientos sólidos y un padrinazgo volátil -Quirino dejará el Poder Ejecutivo el 1 de noviembre-, y contará con 8 diputados locales plurinominales, nadie, con peso específico y estatura política histórica, ha levantado la mano, hasta ahora, para comandar realmente el destino de ese partido de cara al gobierno de Rubén Rocha Moya que ganó las elecciones bajo la fórmula Morena-PAS.   

Considerado antes una fortaleza y una garantía para entrar a las grandes jugadas políticas estatales, actualmente el PRI es visto como un instituto corrompido, fracasado, de quien, en Sinaloa, nadie se quiere hacer cargo porque, dicen, sería tanto como cargar el lastre de la pasada derrota electoral, en la que los “operadores” del tricolor, por instrucciones giradas desde el Tercer Piso, calumniaron y difamaron a Rocha Moya, quien el día 1 de noviembre tomará las riendas del gobierno estatal. 

Tradicionalmente, en los relevos de los gobiernos, de priista a priista, era el mandatario en turno a través de su secretario general de Gobierno quien se hacía cargo del PRI y bajaba las instrucciones al dirigente estatal de ese partido y éste a su vez giraba las órdenes a los comités municipales y a las organizaciones afines o adherentes.    

Quirino Ordaz Coppel siguió fiel a esa costumbre y nombró “líder» estatal del CDE del PRI a Carlos Radamés Gandarilla García salido del establo del Grupo Coppel, tras la renuncia de Rosa Elena Millán Bueno. Simultáneamente, el gobernador operó con un grupo de funcionarios el proyecto “Puro Sinaloa”, con tufo de “partido” alterno al PRI, de donde, según sus planes, sacaría a la mayoría de los candidatos a los puestos de elección popular. 

Carlos Gandarilla salió del Comité Directivo Estatal del PRI tras la derrota electoral del 2018. Ahí, desde las oficinas del Revolucionario ese año se implementaron las estrategias de campaña contra el candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Francisco Agustín Coppel Luken, padrino político de Gandarilla García, fue acusado después por Tatiana Clouhtier Carrillo de ser parte de la red de financiamiento de la “Operación Berlín”, aquella conspiración periodística-informativa creada para intentar reventar el proyecto lopezobradorista. 

Posteriormente, Quirino Ordaz Coppel nombró dirigente del PRI a Jesús Valdez Palazuelos, quien se dedicó más a fortalecer su proyecto personal en busca de la candidatura del PRI al gobierno estatal en vez de que reagrupar al priismo de Sinaloa, mientras el gobernador promovía política y electoralmente a los integrantes de su gabinete por medio de su programa-slogan “Puro Sinaloa”: el candidato de Quirino, el titular de la SEPyC, Juan Alfonso Mejía López, cayó por razones genéticas. Valdez Palazuelos fue aplastado y humillado por el propio Quirino Ordaz y los Grupos Atlacomulco e Hidalgo que impusieron como candidato tricolor a Mario Zamora Gastélum. 

En este contexto y tras haber apadrinado y apoyado con recursos económicos y humanos a Mario Zamora, Quirino Ordaz Coppel podría ser el primer interesado en controlar el PRI estatal de cara a la Cuarta Transformación y al gobierno de Rocha Moya por razones de “blindaje” y negociación política, pero carecería de recursos propios –la tesorería estatal le cerrará las puertas el 1 de noviembre- para sostener la estructura y el ritmo que requiere un partido “opositor”. No se sabe si las bases priistas y los grupos que se mueven tímidamente al interior del PRI aceptarían un liderazgo tipo Quirino. Pero para “negociar” su salvación el gobernador necesita al tricolor. 

Otro personaje que pudiera meterse a las entrañas de las jugadas del PRI podría ser el ex gobernador Jesús Aguilar Padilla a través de su yerno el futuro diputado plurinominal Sergio Mario Arredondo y de su ahijado el también legislador pluri Ricardo Madrid Pérez y de su alfil, otra futura diputada local, Gloria Himelda Félix Niebla. Los otros diputados pluris tricolores, 5 en total, quedarían en el “limbo político”, aunque hay pistas, ya, que conducen a un desprendimiento de la bancada del tricolor de Luis Javier de la Rocha Zazueta, quien se podría convertir en diputado independiente.   

De ser Jesús Aguilar Padilla quien entre al PRI para su futuro dominio ¿Para qué lo querría? ¿Qué uso le daría? Desde la dirigencia nacional del tricolor bajan señales a los estados que serán gobernados por Morena para que trabajen contra los mandatarios con la bandera de “oposición responsable”. Los analistas no ven al ex gobernador girando indicaciones políticas “opositoras” al futuro régimen de la Cuarta Transformación en Sinaloa.    

Bien. A como pinta el escenario, a Juan S. Millán Lizárraga, que no ha renunciado al PRI, no le interesaría el dominio del PRI porque desde el Comité Ejecutivo Nacional ejercen presión para que el partido entre en un proceso de “choque” democrático y “civilizado”, responsable, con el futuro gobierno estatal de la Cuarta Transformación y la edad y los proyectos personales-negocios del ex gobernador no ofrecen la lectura de que esté disponible para agarrar pleitos ajenos. 

Los ex gobernadores Mario López Valdez y Francisco Labastida Ochoa, de plano, no entran en la jugada tricolor. Entonces ¿A quién o quiénes le interesaría tomar el dominio del PRI-estatal con rumbo a las elecciones del 2024? Todo apunta a los grupos de la ultraderecha, a los empresarios, a los barones del dinero, que en la elección del 2018 pujaron aquí en Sinaloa contra el proyecto lopezobredorista y aportaron dinero y estructura para que desencadenaran, en la pasada campaña estatal, una verdadera guerra sin cuartel contra el candidato de la alianza Morena-PAS, Rubén Rocha Moya. 

Pero ¿Quiénes son esos caballeros de «fina» estampa?     

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