El proceso interno de Morena: Las hipótesis detrás de Los Trece

Alvaro Aragón Ayala

La lectura lineal del poder en ocasiones raya en el simplismo como el dar por hecho que la saturación de solicitudes de participación política responde a una idéntica ambición de triunfo. En el registro de trece perfiles para la Coordinación de la Cuarta Transformación en Sinaloa, el diagnóstico superficial advierte dispersión o una preocupante ausencia de disciplina interna. La realidad, sin embargo, obedece a un cálculo más sofisticado.

​En la alta política, una misma jugada puede perseguir propósitos distintos. El error analítico consiste en medir a todos con la misma vara. Hay que verlo así: mientras un puñado selecto de personajes disputa la Coordinacion real -de trece quedarán seis y luego uno o una- el resto participa en un juego de supervivencia, acumulación de capital y control de daños. El registro masivo no es un síntoma de desorden; es un movimiento de posicionamiento donde el verdadero premio, para la mayoría, no es la gubernatura en el 2027, sino garantizar un lugar en el mapa del poder que se reconfigurará.

​El poder no opera como un bloque monolítico. En el ecosistema morenista conviven corrientes, liderazgos regionales y operadores que necesitan medir sus fuerzas y preservar sus espacios de interlocución. Desde alcaldes y diputados hasta funcionarios estatales, todos saben que la definición de la Coordinación es apenas la primera ficha de un dominó que terminará tirando candidaturas a alcaldías, diputaciones federales y locales.

​Bajo esta lógica pragmática, la multitud de aspirantes se explica a través de siete hipótesis de trabajo:

​1. El pasaporte a la mesa de negociación. No se busca ganar la Coordinación, sino encarecer el costo de la exclusión. Quien demuestra capacidad de movilización, estructura o un porcentaje respetable de conocimiento en las encuestas, no aspira al Palacio de Gobierno, sino a blindar su posición. En Morena, registrarse es la forma más efectiva de comprar un boleto para la mesa donde se repartirán las consolaciones.

​2. El peso específico de las facciones. Algunos aspirantes operan como infantería de distintas corrientes internas. Su registro incrementa el peso relativo de su grupo político en la balanza. La fuerza de una facción no depende únicamente del candidato que sobreviva al final, sino del tamaño del bloque que logre mantenerse vivo y visible durante el proceso de decantación.

​3. La trinchera de la preservación institucional. ​En sistemas políticos con una hegemonía tan marcada, quedar fuera de la foto es el equivalente al exilio presupuestal y administrativo. Para ciertos funcionarios y dirigentes, levantar la mano es una señal de vida y permanencia. Es decirle al sistema: “Sigo aquí, tengo vigencia y estoy disponible para la estructura institucional”.

​4. Pararrayos y perfiles de sacrificio. ​En inteligencia política, no todos los actores entran a la cancha a meter goles; algunos entran a cometer faltas tácticas. Existen registros diseñados exclusivamente para absorber el desgaste político, confrontar a los punteros de la oposición interna, fragmentar apoyos territoriales o medir reacciones en regiones clave. Son piezas sacrificables en una operación mayor.

​5. Acumulación de legitimidad interna. Participar en el proceso institucionaliza el liderazgo. Aunque un aspirante quede descartado o lejos del primer lugar, el solo hecho de haber cumplido los requisitos, movilizado simpatizantes y aparecido en el radar del partido le otorga un “estatus de elegibilidad”. Ese capital político cotizará alto cuando comience el reparto de las candidaturas municipales y legislativas.

​6. El filtro del centro. ​La Comisión Nacional de Elecciones de Morena posee un poder de veto y depuración casi absoluto. Ante este escenario, saturar el registro con múltiples perfiles de una misma corriente es una estrategia de diversificación de riesgo: si el centro decide bajar a dos o tres cartas por criterios de género o encuestas, el grupo se asegura de tener un plan C o D que sobreviva hasta las etapas decisivas.

​7. El dilema de los satélites (PT y PVEM). El Partido del Trabajo y el Partido Verde acompañan la coalición exterior, pero las reglas de la convocatoria fueron dictadas bajo el sello exclusivo de Morena. Al no controlar el procedimiento interno, los aliados recurren al impulso o respaldo de ciertos perfiles como un mecanismo de resistencia pacífica. Buscan llegar fuertes a la negociación de la coalición total, demostrando que su peso específico es necesario para mantener la gobernabilidad del bloque.

EL JUEGO SUBTERRÁNEO

​El metaanálisis de este proceso confronta una realidad más fría y pragmática que la narrativa romántica de la competencia democrática. La proliferación de aspirantes no refleja una sobreoferta de liderazgos idóneos, sino la aguda conciencia de que en la política moderna el peor pecado es la invisibilidad.

​La Coordinación de la Defensa de la Transformación es la punta del iceberg; es, pues, el objetivo visible que captura los titulares. Sin embargo, las verdaderas jugadas políticas se están ejecutando en los sótanos. Lo que se está moldeando en este tablero de trece piezas no es solo el nombre de un sucesor, sino la reconfiguración absoluta del mapa del poder en Sinaloa de cara al 2027. Quien no se mueve hoy, simplemente no existirá mañana.

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