Las madres mexicanas trabajan el doble y ganan la mitad

Trabajar, cuidar hijos, atender adultos mayores y sostener el hogar: ésa es la jornada diaria de millones de madres que dedican 20 horas más que los hombres a labores que nadie paga. El estrés, el burnout y la precariedad laboral son las consecuencias de este sistema.

Luisa Díaz González

Siete de cada 10 mujeres en la fuerza laboral mexicana son madres y dedican en promedio 35 horas semanales al trabajo de cuidados no remunerados, frente a las 15 horas que dedican los hombres a estas labores, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Ellas enfrentan el reto de sobrellevar las exigencias familiares y profesionales, a menudo sin suficientes redes de apoyo y ante el rezago de medidas institucionales. Esto lleva al estrés laboral y puede derivar incluso en burnout, un estado de agotamiento físico, emocional y mental crónico.

“El problema es que seguimos asumiendo que es un trabajo que sólo las mujeres saben hacer, como si por nacer con un cuerpo femenino, en automático supiéramos lavar, cuidar, y se asume que son trabajos que hacemos por amor, y por lo tanto no vamos a cobrar”, explicó Angie Contreras, consultora de la asociación Cultivando Género.

Las madres dedican 20 horas más que los hombres a los cuidados de infancias, adultos mayores, y personas con alguna enfermedad o discapacidad.

Cuidado de adultos mayores. Foto: Freepik.

Este trabajo, muchas veces invisibilizado, equivale al 24.3% del PIB nacional, de acuerdo con el INEGI.

Para Fabiola Lira Herrera, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México e investigadora de la Alianza por la Justicia Fiscal, la estimación del INEGI permite dimensionar la importancia de las labores de cuidado, que son la base del resto de las actividades económicas.

“Sin trabajo de cuidados y sin trabajo doméstico no habría economía”, apuntó. También agregó que, desde una visión histórica, “no podrían haber avanzado tantos hombres sin ese trabajo invisibilizado y no remunerado”.

Esta problemática se remonta a la división sexual del trabajo, por la que debido a la capacidad de procrear se consideró que a las mujeres les corresponde realizar las labores de crianza y cuidado del hogar, explicó Fabiola Lira Herrera.

“El matrimonio significaba que todos los hombres del mundo, sin importar su clase social, tuvieran una sirvienta”, indicó, en referencia al libro titulado ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?, de Katrine Marçal. Asimismo, expresó que históricamente las mujeres pobres siempre han trabajado y enfrentado esta doble jornada.

Sin embargo, el fenómeno se magnificó con la Revolución Industrial y posteriormente tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las mujeres se incorporaron de forma masiva al mercado laboral, pero esa transformación social no estuvo acompañada por una nueva repartición de las labores de cuidado, explicó.

Falta de acceso al mercado laboral

Estas condiciones restringen el acceso de las mujeres al mercado laboral formal. De acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), 59% de las madres trabajan en la informalidad, lo que se traduce en menos acceso a seguridad social, prestaciones y estabilidad.

La necesidad de contar con horarios flexibles para cuidar a hijos, padres u otras personas ante un mercado laboral cada vez más demandante orilla a las mujeres a buscar otras alternativas o incluso a rechazar oportunidades de crecimiento.

“Las mujeres buscan estas jornadas de trabajo que puedan compaginarse con la vida escolar y académica de sus hijos, que te permita salir al horario donde salen, o que alguien pase a recoger a tu hijo y te lo deje en la oficina y que te permitan que ese niño esté”, explicó Angie Contreras.

A su vez, esto se traduce en afectaciones económicas, al reportar menores ingresos. Cerca de la mitad de las madres de 15 años y más con trabajo, recibió hasta un salario mínimo (49.2 %) al mes, seguidas por las que obtuvieron más de uno y hasta dos salarios mínimos (28.1%), informó el INEGI.

La brecha salarial y el techo de cristal

En el caso de las mujeres que sí logran acceder al mercado laboral formal, otra problemática es la dificultad de alcanzar puestos altos y mayores ingresos.

En México, mientras más suben las mujeres en la escalera corporativa, menos les pagan en comparación con sus colegas masculinos, reveló la Radiografía de las Mujeres en el Trabajo 2026 de Buk, consultoría especializada en recursos humanos.

Horarios de escuelas deben compaginar con los del trabajo. Foto: Miguel Dimayuga.

El estudio confirmó que el país registra una brecha salarial entre hombres y mujeres promedio de 16.6%, la segunda más alta de la región, sólo superada por la de Chile con un 17%.

Mientras en los niveles salariales más bajos la brecha es de 8.1%, en los puestos de liderazgo alcanza 21.3%, el mayor salto observado en Latinoamérica. La maternidad suele utilizarse como una excusa para negar ascensos.

En 2025, la proporción de las mujeres en consejos de administración de las principales empresas en México alcanzó un 17.5%, un porcentaje inferior al de la OCDE (32.5%).

A nivel regional, el panorama tampoco es alentador. En el reporte “Women in Business 2026”, de Grant Thornton, que recopila información de 35 economías diferentes, América del Norte presentó una disminución del porcentaje de mujeres en puestos de liderazgo, bajando del 36.6% en 2025 al 34.4% en 2026.

La necesidad de un sistema de cuidados

Tanto Fabiola Lira Herrera como Angie Contreras coincidieron en la necesidad de crear un Sistema Nacional de Cuidados. Contreras destacó que éste debe ser integral y abordar adecuadamente las necesidades de cada grupo.

“Un sistema de cuidados tiene que abarcar a las empresas, sector público, sector privado, a las familias, al sector de educación, al Estado, al sector de salud, todos los sectores”, expresó Contreras. “Y en México, sobre todo, el sexenio pasado, y este sexenio se ha pensado que los cuidados se resuelven dando becas”.

Por su parte, Fabiola Lira Herrera, quien entre sus líneas de investigación se ha enfocado en analizar la forma en que las cargas fiscales afectan a las mujeres, consideró que debe reforzarse esta iniciativa, puesto que ya cuenta con un anexo transversal en el presupuesto federal.

Desde su perspectiva, es importante incluir las licencias de paternidad, así como pasar los cuidados de una dimensión más privada a una comunitaria, con propuestas como las que se han creado en las utopías de la Ciudad de México, que muchas veces integran espacios como guarderías y lugares para lavar ropa con máquinas.

Aún hay mujeres que pierden el trabajo cuando son madres. Foto: Freepik.

Sin embargo, advirtió que existe el riesgo de que sea una “pancarta” para el gobierno actual y no una decisión a largo plazo.

La licencia de maternidad permanece sin cambios desde 1970, cuando apenas 18% de las mujeres formaban parte de la fuerza de trabajo mientras que los permisos de paternidad se incorporaron hasta 2012 y siguen siendo limitados, apuntó el IMCO.

Además de las medidas institucionales, que son urgentes para mejorar la calidad de vida de las mujeres y promover su inclusión al mercado laboral con un piso parejo, es fundamental cambiar la perspectiva y la cultura alrededor de los cuidados.

“Todas las personas somos corresponsables. Y no es asumir que le toca a uno, le toca a otro, sino que la corresponsabilidad en el trabajo de cuidado implica que todas las personas van a cooperar”, destacó Contreras.

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