La tragedia del derrame de hidrocarburos en el Golfo de México
Iván Restrepo
Los especialistas en el tema ambiental, los pescadores y todos los afectados en más de 40 localidades costeras de Veracruz y Tabasco calificaron de tragedia el derrame de hidrocarburos que comenzó el 1 de marzo pasado en el litoral del Golfo de México. Los primeros reportes de lo que ocurría los dieron pescadores y prestadores de servicios turísticos en los municipios veracruzanos de Tatahuicapan y Pajapan; luego la congregación de Las Barrillas, en Coatzacoalcos. Después las denuncias se extendieron hasta Paraíso, Sánchez Magallanes y Cárdenas, en Tabasco. En total, 230 kilómetros de litoral, aunque grupos ambientalistas sostienen que son 600.
Rocío Nahle, que cobra como gobernadora de Veraruz y suele estar desinformada de lo que sucede en la entidad a su cargo, negó el derrame. Luego atribuyó la presencia de hidrocarburos a la actividad de una “chapopotera natural”. Señaló que “existe la ‘teoría’ de que el crudo proviene de fisuras naturales en el fondo marino que suelen activarse”. Por su parte, Petróleos Mexicanos (Pemex) aclaró no ser el causante del problema; que realizaba recorridos de verificación por tierra y agua en la zona costera con el fin de identificar el origen del derrame. Y que sus instalaciones al sur de Veracruz operaban en condiciones seguras.
Ante la notable ausencia de las instancias oficiales que debían coordinar las acciones para recoger el hidrocarburo y establecer las medidas de remediación, pescadores y habitantes de las áreas afectadas tuvieron que hacerlo de la mejor manera posible. Se advirtió a la población no consumir las especies del mar ni de las lagunas en el área del derrame por ser un peligro para la salud. Se reportaron afectaciones a las formaciones de manglar y la muerte de tortugas, manatíes y peces. Es importante señalar que, por ser una sustancia peligrosa, su recolección debe hacerse con las técnicas más adecuadas y en coordinación con el personal de la Secretaría de Marina y las autoridades ambientales. Pero en cuanto a los marinos, desde el sexenio pasado se encuentran muy ocupados administrando, por ejemplo, el caótico aeropuerto internacional de la Ciudad de México. También las aduanas para evitar el ingreso ilegal de hidrocarburos (el huachicol) y el contrabando en general.
Esa ausencia se hizo más notable cuando, 12 días después de que se detectó el derrame, la gobernadora Nahle aseguró que el problema venía de Tabasco; que se originó en un barco de una petrolera privada que no trabajaba para Pemex.
Sin embargo, la autoridad ambiental federal, y muy destacadamente su Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA), responsable de supervisar el sector hidrocarburos, no había emitido una postura oficial sobre los hechos. Tampoco la Marina. Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró en Colima que en torno al derrame “están trabajando Pemex y la Secretaría del Medio Ambiente con el gobierno de Veracruz, pero les vamos a pedir que den más información”.
Hace una semana, al fin, la Secretaría de Marina activó el Plan Nacional de Contingencias para Derrames de Hidrocarburos, a fin de atender los problemas originados por las “manchas de hidrocarburo” en cuatro municipios de Veracruz. No mencionó los afectados en Tabasco. Y, a la vez, la gobernadora Nahle se desdijo de la afirmación de que el derrame provenía de un barco petrolero de una empresa privada. Que estaban analizando el origen del derrame. Igual sostuvo la Semarnat. A tres semanas de comenzar la tragedia, se desconocen los datos más fundamentales sobre su origen y sus efectos en el ambiente marino y la laguna del Ostión, por ejemplo. Ni en la economía de las localidades afectadas en el litoral por el derrame.
Y algo más: resulta notable el desprecio de las instancias oficiales por la comunidad científica, pese a que desde 2015 se estableció, bajo un convenio con la Secretaría de Energía, el Consorcio de Investigación del Golfo de México (Cigom). Lo integran instituciones tan importantes como la UNAM, el Centro de Investigación Científica de Ensenada (Cicese), el de Yucatán (CICY), y especialistas que laboran en dicha región. Su tarea es, entre otras, evaluar las consecuencias ambientales de los derrames de hidrocarburos. Pero al Cigom lo ignoran en lo que es su trabajo fundamental. Tal como van las cosas, el derrame proviene de un barco misterioso, invisible.
