Minería submarina: la nueva disputa geopolítica que rodea a México
Juan Carlos Rodríguez
En el lecho marino, a más de tres mil metros de profundidad, se libra una guerra que no es tan visible como los drones, los aviones caza o los misiles que se han lanzado en países de Oriente Medio y Ucrania.
En el fondo de los océanos, donde la luz del sol a veces no alcanza a llegar, potencias como Estados Unidos y China se disputan recursos minerales que resultan vitales para ganar la partida en el reacomodo del tablero mundial. Y México está en medio de esa batalla.
Se trata de la minería submarina, actividad que busca extraer sulfatos, cobalto, manganeso y los llamados nódulos polimetálicos, materiales que son utilizados en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos.
Los nódulos polimetálicos son sedimentos minerales, ricos en manganeso, hierro, níquel, cobre y cobalto, que se forman durante millones de años en las llanuras abisales oceánicas a profundidades de entre 3.5 a 6.5 kilómetros.
Dichas llanuras se localizan principalmente en la zona Clarion-Clipperton, entre las costas de México y Hawai, en el océano Pacífico. Representan una fuente crítica de metales para la transición energética, pero su extracción industrial despierta preocupaciones ambientales.
De acuerdo con la organización ambientalista Greenpeace, la zona Clarion-Clipperton que está en la mira de Estados Unidos se localiza muy cerca de dos áreas naturales protegidas de México: el Parque Nacional Revillagigedo y la Reserva de la Biosfera Pacífico Mexicano Profundo, donde habitan cientos de especies, algunas en peligro de extinción y cuyo hábitat depende de la conservación del lecho marino.
“En todo el mundo empezó una carrera por explorar y explotar yacimientos de minerales críticos, que se utilizan tanto para vehículos eléctricos y dispositivos móviles, como para la guerra, incluso son necesarios para la transición energética”, dijo Viridiana Lázaro, coordinadora de la campaña en favor de los océanos de Greenpeace.

En entrevista con El Sol de México, la activista expuso que no es necesario intervenir los yacimientos submarinos, pues no se tiene certeza de que los ecosistemas que llevan millones de años no resulten alterados ni de que se cuente con la mejor tecnología para su extracción.
Paso a paso: esta es la amenaza al fondo marino
En abril de 2025, poco después de iniciar su segundo mandato, el presidente Donald Trump emitió una orden ejecutiva que permite la minería submarina en aguas internacionales, acción unilateral que vulnera la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar.
Por aquellos meses, la iniciativa se tomó con ciertas reservas por las organizaciones ambientalistas, pero ahora, ante conflictos armados cada vez más abiertos y la necesidad geopolítica de controlar los recursos energéticos, las amenazas han comenzado a cristalizarse.
Debido a que la minería submarina es engorrosa y extremadamente contaminante, durante años los países occidentales se habían mostrado reacios a la explotación a gran escala; en cambio, las empresas chinas fueron acaparando el mercado, al grado de que 90 por ciento de las tierras raras en el mundo son procesadas por el gigante asiático.
Los países occidentales confiaron durante años que China no utilizaría como arma la dependencias de las tierras raras, insumos necesarios para la fabricación de teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos, turbinas eólicas y aviones de combate, pero ahora con las tensiones geopolíticas, Estados Unidos y sus aliados se ven en la necesidad de buscar sus propias fuentes de abastecimiento, y una fuente poco explorada es el fondo marino.
Para la firma mexicana Riskop, consultora especializada en servicios de inteligencia estratégica, la competencia global no solo se libra en los planos militar y comercial, sino que también involucra a la cadena de suministros de minerales críticos.
“El tablero estratégico no se limita al ámbito militar. El Pentágono anunció financiamiento para Realloys, empresa dedicada al procesamiento de tierras raras. Estos minerales son esenciales para defensa, inteligencia artificial, electrónica avanzada y transición energética”, sostuvo Christian Ehrlich, directivo de Riskop.
Para la organización Oceana, que se dedica a la protección de los océanos del mundo y tiene presencia en los cinco continentes, la minería submarina implica necesariamente la destrucción de la vida en el fondo del mar.
“Para la vida que crece en las áreas de minería en aguas profundas, la devastación será total”, sentencia un análisis publicado por Oceana en abril de 2025, justo después de que se publicara la orden ejecutiva de Trump.
“Tanto en las fuentes hidrotermales como en las costras cobálticas, el mineral es el hábitat. No hay forma de extraer el mineral sin matar la vida marina que está adherida a él. La minería de nódulos polimetálicos también será completamente destructiva para cualquier organismo que viva directamente sobre los nódulos o en el sedimento circundante”, advierte.
“Al remover estructuras complejas y con las huellas que dejan los vehículos que recolectan el material, la minería de aguas profundas altera la estructura y topografía de estos ecosistemas, lo que afecta las corrientes de aguas profundas que son esenciales para la dispersión y migración de muchas especies”, agrega la publicación.
El futuro de las aguas internacionales
El debate sobre la minería submarina está activo. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés) celebra este mes su sesión de Consejo en Kingston, Jamaica, para emitir las directrices legales que marcarán el futuro de la explotación comercial en aguas internacionales.
Creado en 1994, el organismo dependiente de la ONU determinó que el fondo del mar en aguas internacionales no le pertenece a ningún país, sino que son patrimonio de la humanidad, por lo que cualquier acción comercial que busque explotación, debe contar con su visto bueno.
No obstante, dado que Estados Unidos ha decidido romper con el derecho internacional, la ONU se encuentra en búsqueda de mecanismos que obliguen al presidente Trump a respetar un recurso que es de la humanidad.
El desafío estará en manos de un mexicano. El abogado y diplomático Erasmo Lara Cabrera es el presidente de la Comisión Jurídica y Técnica de la ISA, la cual tratará de regular la gobernanza global del océano profundo y que no se convierta en botín de las disputas entre las grandes potencias.
La presión subió además en un contexto nuevo. El acuerdo Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), que protege la biodiversidad marina en aguas internacionales, entró en vigor el 17 de enero de 2026 y elevó el costo político para cualquier país que tome decisiones unilaterales que vayan en perjuicio de ecosistemas frágiles.
