Tres de cada cuatro pobres dedicados al cuidado sin pago nunca dejan de serlo

Dora Villanueva

Tres de cada cuatro personas en México que nacen pobres y a lo largo de su vida se dedican al cuidado no remunerado de otra persona mueren pobres. Siendo así, la carga de cuidados –realizados sobre todo por mujeres– es determinante en la desigualdad de oportunidades entre la población mexicana y “factor que agudiza la pobreza”, evidenció el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

De acuerdo con la organización, el peso de los cuidados entre los factores determinantes de la desigualdad de oportunidades en México no es menor. De hecho, ocupa el tercer sitio, sólo detrás de los recursos económicos con que cuenta el hogar en que creció una persona y el nivel educativo de sus padres. Incluso se encuentra por encima de elementos históricamente analizados como condición indígena, tono de piel o provenir de una localidad rural.

En medio del creciente debate sobre la necesidad de un andamiaje sólido para el Sistema Nacional de Cuidados, como primer mecanismo para resarcir las desigualdades históricas en un mercado laboral todavía ajeno para más de la mitad de las mujeres en el país, el CEEY exhibió que los trabajos de cuidados no remunerados son el tercer factor que más condiciona la desigualdad en México.

En su estudio Movilidad social y cuidados, la asociación muestra que en 40 por ciento de los hogares de México con menores recursos, el cuidado no remunerado se vuelve obstáculo adicional para ascender en la llamada “escalera social”, es decir, para que una persona pueda modificar su posición socioeconómica a lo largo de su vida o respecto a la de sus padres.

En este grupo de población, 73 por ciento de los cuidadores se mantienen con estos ingresos a lo largo de su vida, frente a 64 por ciento que no carga con este tipo de tareas, exhibe el informe con base en la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México 2023.

El informe destaca las intersecciones de desigualdad con género: 76 por ciento de los cuidadores en México son mujeres, por lo que la falta de un Sistema Nacional de Cuidados extenso representa un obstáculo, sobre todo para ellas.

“Las personas cuidadoras tienen menos oportunidades educativas, laborales y de participación política y social, lo que reduce su posibilidad de mejorar la posición socioeconómica respecto a la de sus padres”, expuso el CEEY.

Mónica Orozco, autora del informe y directora de Genders, puntualizó que “sobre una movilidad social ya baja”, el cuidado se vuelve “un ancla para los estratos más bajos de la sociedad”, y sobre este obstáculo, ser mujer tiene peso 10 veces mayor en la desigualdad de oportunidades entre quienes asumen estas labores.

El trabajo no remunerado no sólo implica un obstáculo para tener acceso al mercado laboral, sino también deriva en riesgos educativos y mayores afectaciones a la salud mental de los cuidadores, lo que abre un nicho más para la atención a estos últimos, explicó Orozco.

En este punto, Ortiz y Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social CEEY, expusieron que más allá de lo que es responsabilidad del Estado, el cuidado también se debe ver a la luz de su corresponsabilidad con el sector privado.

De ahí la importancia de los acuerdos que están haciendo el Instituto Mexicano del Seguro Social y la Secretaría de Economía de la mano de empresas privadas, para reconocer la importancia económica del cuidado y verlo como parte de un paquete de prestaciones laborales.

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