Trump en apuros: la guerra se extiende, la economía sufre y este año tiene elecciones

The Wall Street Journal, un diario que muchas veces coincide con las ideas de Donald Trump, dice hoy que el Presidente de Estados Unidos estaba considerando un final rápido a la guerra en Irán. Algunos de sus asesores “lo instaron en privado a buscar un plan de salida en medio del aumento de los precios del petróleo y las preocupaciones de que un conflicto prolongado podría provocar una reacción política”.

En declaraciones en Florida, Trump dijo el lunes que la misión militar prácticamente había logrado sus objetivos. “Vamos muy adelantados”, dijo. “Terminará muy pronto”. Pero no. La guerra no terminó en una semana ni en dos, como decía el republicano. Y esto plantea problemas económicos (y por lo tanto políticos) muy serios dentro de su propio país.

Estados Unidos va a las urnas en noviembre. Es una temida elección federal intermedia que suele castigar a los presidentes pero ahora, según los datos, podría ser todavía peor para Trump.

“No hay forma de eludir la responsabilidad: Trump está destruyendo la economía, y es su responsabilidad”, escribe Robert Kuttner en The American Prospect. Es además profesor de la Escuela Heller de la Universidad Brandeis.

El viernes, explica, el Departamento de Trabajo informó que la economía estadounidense perdió 92 mil empleos en febrero, y las revisiones de los informes de meses anteriores redujeron las cifras de empleo de diciembre y enero en otros 69 mil. La tasa de desempleo subió al 4.4 por ciento. “¿Qué responsabilidad asume Trump? Pues bien, ha recortado el empleo federal directo en unos 330 mil puestos. La congelación de la financiación para la investigación y otras ayudas federales ha eliminado cientos de miles de empleos más. Los aranceles han aumentado los costes para los productores nacionales, y la guerra de Trump contra la economía renovable también ha reducido el empleo en ese sector”.

“El empleo en el sector manufacturero ha disminuido en aproximadamente 300 mil puestos, tras haber aumentado en unos 600 mil durante el mandato de Biden. Y la guerra de Trump contra los inmigrantes ha provocado que un gran número de personas, atemorizadas, se queden en casa en lugar de presentarse a trabajar, principalmente en los sectores de servicios que están en la mira del ICE. Y todo esto fue antes del impacto de la guerra con Irán”, agrega Robert Kuttner.

“La guerra con Irán ha paralizado prácticamente el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, el estrecho del Golfo Pérsico por donde fluye aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas del mundo. Esto ha disparado los precios de los combustibles fósiles y, con ellos, el potencial de ganancias”, dice Tik Rood en The Mother Jones.

El precio del crudo Brent, la referencia mundial del petróleo, ha subido más de un 10 por ciento desde que comenzó el conflicto hace casi una semana, y los precios del gas natural en algunos lugares, especialmente en Europa, se han duplicado. “Los consumidores estadounidenses ya están sintiendo los efectos, con la gasolina unos 27 centavos por galón más cara que antes de la guerra. Sin embargo, los analistas del sector afirman que, al menos a corto plazo, el aumento de los precios podría ser una ganancia inesperada para los productores que no dependen de los suministros del Golfo Pérsico, como ExxonMobil, Chevron, Shell y la francesa Total”, afirma.

El mensaje económico de Trump sobre Irán se reduce a la idea de que cualquier sufrimiento es a corto plazo; que vale la pena y que no tan grave como inicialmente pensó. “Sin embargo, para los republicanos en las reñidas elecciones intermedias, las repercusiones de la guerra —y las hasta ahora vagas garantías de Trump sobre la economía— siguen siendo interrogantes. El conflicto ha disparado el precio de la gasolina, que llegó a 3.48 dólares el galón el lunes, un aumento de casi el 17 por ciento desde que comenzó la guerra el 28 de febrero. Los líderes mundiales se preparan para repercusiones de gran alcance, y en privado algunos legisladores republicanos se están resignando a las duras realidades políticas que enfrenta el partido en el poder cuando los precios suben bruscamente”, dice esta mañana Tyler Pager desde Washington.

El periodista de The New York Times afirma que la Casa Blanca esperaba que no fuera así. Justo antes del discurso del Estado de la Unión de Trump el mes pasado, “los principales asesores del Presidente en la Casa Blanca, la mayor parte de su gabinete y otros asesores políticos, se reunieron en el Capitol Hill Club para una sesión de estrategia de mitad de mandato, en la que insistieron en que los esfuerzos para reducir el costo de la vida deben ser fundamentales en la estrategia del partido ante los votantes”.

En ese discurso Trump declaró que “la economía está en pleno auge como nunca antes”, y al enumerar una serie de datos para respaldar su argumento, se detuvo en uno de sus favoritos: el precio de la gasolina. “La gasolina, que alcanzó un máximo de más de 6 dólares por galón en algunos estados bajo mi predecesor —sinceramente, fue un desastre— ahora está por debajo de los 2.30 dólares por galón en la mayoría de los estados. Y en algunos lugares, a 1.99 dólares por galón. Y cuando visité el gran estado de Iowa hace apenas unas semanas, incluso vi gasolina a 1.85 dólares por galón”.

“El panorama unas semanas después es muy diferente. Ahora, Trump, quien durante mucho tiempo ha utilizado los altos precios de la gasolina como arma contra sus oponentes políticos, argumenta que los estadounidenses deben aceptar el sufrimiento a corto plazo”, dice Tyler Pager, en The New York Times.

El problema es que en los días posteriores a que Trump lanzara las fuerzas estadounidenses contra Irán, el apoyo de los ciudadanos es mucho menor que el que ha sido al comienzo de conflictos extranjeros anteriores. Las encuestas revelan que la mayoría de los estadounidenses se oponen a los ataques a Irán. El apoyo oscila entre el 27 por ciento en una encuesta de Reuters/Ipsos y el 50 por ciento en una de Fox News.

Un análisis realizado por dos especialistas en mediciones dice que incluso el nivel más alto de apoyo público a este conflicto es mucho menor que el del comienzo de la mayoría de los otros conflictos, incluida la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea y la Guerra de Irak. “En los días posteriores al ataque de Estados Unidos en Pearl Harbor y su posterior declaración de guerra contra Japón, el 97 por ciento del público apoyó la medida, según Gallup. Y en los días posteriores al despliegue de tropas del Presidente George W. Bush en Afganistán, el 92 por ciento de los estadounidenses se mostró de acuerdo, según una encuesta de Gallup”, dicen Lily Boyce y Ruth Igielnik.

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