LA SUCESIÓN EN SINALOA: EL MÉTODO MORENA

El artículo/ensayo/análisis del periodista Carlos Ramírez, RESTAURA LA 4T EL SISTEMA/RÉGIMEN/ESTADO/CONSTITUCIÓN EN MODO PRI, ofrece una ventana importante para prospectar la nominación o asignación de la candidatura al gobierno de Sinaloa

Alvaro Aragón Ayala

El ensayo de Carlos Ramírez sobre la restauración del sistema político mexicano en clave de la Cuarta Transformación aporta una pista central para entender el proceso político que se está configurando rumbo al 2027: el poder vuelve a concentrarse en el centro del sistema bajo la lógica donde la Presidencia de la República vuelve a convertirse en el gran eje ordenador de la política nacional.

Si esa hipótesis es correcta -y la evidencia política acumulada desde 2018 apunta en esa dirección- entonces las sucesiones estatales se decidirán en los territorios y respuesta a una combinación de factores donde confluyen el diagnóstico del poder central, los equilibrios internos del movimiento y la estabilidad política de los estados.

En los hechos, Sinaloa se ha convertido en uno de los laboratorios políticos de Morena, no únicamente por su peso electoral, sino porque aquí se prueba una premisa fundamental del sistema político que está construyendo la 4T: la continuidad del proyecto depende de la estabilidad territorial.

Por esa razón, la sucesión del 2027 en la entidad será una decisión en la que operarán tres centros de poder: la Presidencia de la República, la dirigencia nacional de Morena y el gobernador Rubén Rocha Moya.

La experiencia política reciente demuestra que Morena ha construido un método para definir candidaturas a gubernaturas. No es el “dedazo” clásico del PRI, pero tampoco una democracia interna abierta. Es un sistema híbrido donde las encuestas funcionan como mecanismo de legitimación, pero la decisión final responde a criterios de gobernabilidad y estabilidad política.

Entonces esa decisión se construye a partir de diagnósticos políticos elaborados por la dirigencia nacional del partido, operadores territoriales, estructuras del movimiento y, sobre todo, por la información política que proviene del propio estado. Y es ahí donde aparece la figura de Rubén Rocha.

SINALOA, LABORATORIO LAWFARE

SINALOA: ROMPER EL EJE ES PERDER LA ELECCIÓN

En cualquier proceso de sucesión distrital, municipal y estatal y en el juego interno de Morena, el gobernador Rubén Rocha conserva una influencia determinante, no necesariamente para imponer candidato, pero sí para vetar escenarios que puedan fracturar el poder territorial o poner en riesgo la estabilidad del gobierno.

En términos de inteligencia política, el gobernador aporta el conocimiento más preciso del terreno: quién tiene estructura real, quién puede cohesionar al movimiento, quién representa riesgos de ruptura y quién puede garantizar continuidad es Rubén Rocha Moya sin demérito de algunos liderazgos/aspirantes de Morena que mapean el territorio y arman su propia estructura política.

Así, la ecuación de la sucesión se construirá a partir de cinco variables fundamentales: la estabilidad política del estado, el desempeño del gobierno de Rocha, la cohesión interna de Morena, la competitividad electoral del aspirante y la capacidad del candidato para sostener el proyecto político de la Cuarta Transformación.

Romper ese equilibrio sería abrir la puerta a la derrota. La historia política mexicana es contundente en ese sentido: los partidos dominantes no pierden por la oposición; pierden cuando se fracturan por dentro. Al PRI le ocurrió en el año 2000 y Morena lo sabe. Por eso el proceso de selección del candidato en Sinaloa será cuidadosamente calibrado.

La resolución no dependerá del ruido en Facebook ni en Tik Tok ni en la construcción ni compra de espacios/entrevistas en los medios de comunicación. Tampoco se sujetará a la movilización anticipada de los aspirantes. Se tomará, sí, con base en la lógica que hoy rige el sistema político mexicano: el centro del poder decide, pero necesita estabilidad en los territorios.

En términos simples, la sucesión se resolverá así: la presidenta tendrá la decisión final, Morena procesará los equilibrios internos y el gobernador ejercerá un poder político que, sin ser formal, se traducirá en capacidad de veto. Ese será el método. El poder vuelve a concentrarse arriba, pero su viabilidad depende de que los estados no se conviertan en campos de batalla internos.

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