El teatro del absurdo: Jesús Ibarra, otro figurín que quiere la gubernatura de Sinaloa

José Luis López Duarte

Lastimosa, por decir lo menos, fue la actuación del diputado federal de Morena, Jesús Ibarra Ramos, en una reciente entrevista en Los Mochis. En un despliegue que haría sonreír a cualquier imitador de comedia, Ibarra nos regaló un monólogo que podría rivalizar con las mejores obras de teatro del absurdo. Habló mucho, pero no dijo nada que se asemejara a una respuesta coherente. En su diálogo con Osvaldo Villaseñor, en el programa de televisión Meganoticias, se notó la batalla titánica de Villaseñor y el buen amigo Yamil Hallal para extraer respuestas de un ser que parece vivir en una dimensión paralela donde la realidad es opcional. Aun así, el diputado logró evadir el cuestionario como si estuviera practicando un deporte extremo.

Ya sabemos que los legisladores morenistas suelen no tener ni idea de cómo funcionan las cosas en el mundo real, dependientes de un gobierno autócrata que les dicta su agenda, convirtiéndolos en caricaturas de incompetencia al caminar. La triste realidad es que, al igual que Ibarra, la senadora Imelda Castro –quien ha estado dando vueltas por el poder durante más de una década– muestra la misma incapacidad para reconocer las fallas del gobierno. Para ella, los problemas nunca son culpa de los suyos, sino de esas sombras maléficas que acechan desde la oposición. Un espectáculo digno de un drama griego donde los actores no quieren aceptar que están en una tragedia.

Un momento particularmente cómico fue cuando Yamil Hallal intentó acorralar a Ibarra sobre el tema de medicamentos y, como respuesta, escuchó que el diputado “supervisó algunos hospitales”. ¡Qué alivio! ¿Acaso pensábamos que un legislador estaba allí sólo para recibir su salario y lucir bien en las fotos? Sin embargo, la realidad es que en el hospital general de Los Mochis, los pacientes tienen que comprar sus propias medicinas, mientras el diputado dice que todo está “bien” como si eso pudiera solucionarlo. ¡Bravo, Ibarra! Con ese tipo de afirmaciones, uno podría pensar que deberías ser el nuevo portavoz del Ministerio de la Verdad.

Ambos legisladores, la senadora Castro y el diputado Ibarra, parecen haber firmado un pacto de silencio ante las incompetencias evidentes de su régimen. Un acuerdo tácito que les impide señalar errores, mientras las carencias se acumulan y los ciudadanos sufren en silencio. Trece años de Imelda Castro y cinco de Jesús Ibarra como legisladores han sido un camino… bueno, un camino sin huellas, diría yo. No hay propuestas brillantes que mencionar, adolecen de movimientos sociales destacados o ideas innovadoras que puedan ayudar al estado de Sinaloa o al país. Flotan, sí, pero como globos de helio en el aire, sin rumbo y sin propósito. Todo un espectáculo de pereza política.

No puedo evitar que la ironía me atraviese al considerar que estos personajes políticos aspiran a posiciones más altas, como la gubernatura de Sinaloa. Su deseo de ser gobernadores no puede ser más irónico en un contexto donde la sociedad enfrenta un desgobierno que podría escribir un libro de desastres. El gobierno de Rubén Rocha, tiene un aura de desgaste, y lo que queda del legado de AMLO y Sheinbaum son lastres de incompetencia muy dignos de esta comedia.

La gente vive dislocada entre el miedo y la crisis, mientras que estos personajes se apresuran a pregonar su deseo de curar todas las enfermedades del país. Un nudo de incompetentes que no entiende que la autocrítica no solo es válida, sino necesaria. Es un verdadero acto de valentía y, a veces, de sensatez, guardar silencio y dejar que su desempeño hable por sí mismo. Pero, claro, para esta troupe del absurdo, eso sería demasiado pedir.

En definitiva, verlos actuar genera más pena ajena que dignidad, y aunque tengan derecho a violar la ley electoral gracias a las órdenes de su líder supremo, deberían pensar si realmente alguien desea escucharlos.

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