“Hacer algo con México”

Jorge Carrasco Araizaga

No es lo que pueda hacer Trump en México. Es lo que ya está haciendo. Desde febrero del año pasado, apenas unas semanas después de regresar a la Casa Blanca, emprendió acciones con un fuerte componente militar: desplegó aviones espía del Ejército contra el narco mexicano, y meses después envió buques de la Armada al Pacífico y al Golfo de México que llegaron a la península de Yucatán, en la tercera frontera de México, el Caribe.

Los altos mandos de las Fuerzas Armadas, el secretario de la Defensa Nacional, el general de Caballería Ricardo Trevilla, y el de la Marina, el almirante Raymundo Morales, aseguran que esos despliegues ocurrieron sobre el espacio aéreo y las aguas internacionales. Lo innegable es que desde hace un año el Pentágono tiene a México en sus escenarios de operación. Por lo menos, para acciones de inteligencia.

En febrero de 2025 Trump también designó a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas y hace unas semanas, a mediados de diciembre, declaró al fentanilo, del que México es uno de los principales productores en el mundo, como “arma de destrucción masiva”.

Obrador y la madre del Chapo. Desplante presidencial. Foto: Especial.

El mensaje no puede ser más nítido. Trump está encaminado a influir en la dinámica de la delincuencia organizada en México y su peso en la política mexicana, lo cual no significa que pueda y quiera resolver el problema del narcotráfico.

No sólo ha dicho que le ha ofrecido ayuda militar a la presidenta Claudia Sheinbaum para ir en contra de las organizaciones del narcotráfico, sino que ha reiterado que ella, como principal autoridad política del país, tiene miedo a actuar contra la delincuencia organizada.

La presidenta Sheinbaum no tiene margen. Está capturada. De un lado tiene que defender públicamente la soberanía de México, como lo ha hecho, y el derecho internacional, como lo declaró el sábado 3 de enero, horas después de la invasión militar de Trump en Venezuela para detener al autócrata Nicolás Maduro y llevarlo a Nueva York, donde será procesado por narcotráfico.

Pero del otro, la presidenta Sheinbaum se enfrenta a la terca realidad de la narcopolítica. Y en ello, la llamada 4T y su fundador, el expresidente Andrés Manuel López Obrador y muchos de sus cercanos colaboradores, son muy vulnerables.

Si bien es cierto que los vínculos de la política, las instituciones y las drogas no son propios del actual régimen, se han exacerbado desde que tomó el control del país. La acusación de Estados Unidos contra Maduro incluye sus supuestas relaciones con el Cártel de Sinaloa y Los Zetas, ahora Cártel del Noreste, mucho antes de que Morena llegara al poder.

Pero la delincuencia organizada se coronó con la 4T y México es hoy el mercado criminal más importante del mundo y el tercero en criminalidad, de acuerdo con el Índice Global del Crimen Organizado 2025.

Las elecciones de 2021, cuando el territorio nacional se pintó de guinda bajo la sospechosa ayuda del narcotráfico, y los desplantes de López Obrador como jefe de Estado para saludar a la mamá del Chapo, ordenar la liberación de Ovidio Guzmán, uno de los hijos del narcotraficante, y omitir la defensa del país y sus ciudadanos ante la ofensiva criminal, rebasan cualquier idea de complot o imaginación de sus malquerientes.

La presidenta Sheinbaum ha tenido que ser pragmática. Ha aceptado retomar e incrementar la cooperación policial y militar con Estados Unidos. Tan sólo el año pasado solicitó al Senado el ingreso de más de 200 militares estadunidenses, con su despliegue de equipos y materiales, para el entrenamiento y capacitación de sus pares mexicanos, soldados y marinos.

En el contexto de la ofensiva militar y política de Trump hacia América Latina y de la invasión militar estadunidense a Venezuela, no pueden considerarse como simples ejercicios rutinarios.

La presidenta tiene otro gran problema ante Trump. Este año tiene que renegociar con la Casa Blanca el tratado comercial de México, Estados Unidos y Canadá, el refinado instrumento liberal al que está atado el país.

El derrocamiento de Maduro al margen del derecho internacional no es sólo ocasión para que México reivindique el respeto entre las naciones. Es una expresión cruda de que a la presidenta no le queda más que colaborar con Trump para “hacer algo con México”, como lo dijo el presidente estadunidense tras invadir Venezuela.

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