Esclavos de las redes sociales

“Se considera que la adicción a las redes sociales es semejante a la de un fumador o un adicto a los casinos”.
Rubén Martín
En un histórico acuerdo alcanzado el pasado miércoles 26 de agosto, la empresa Meta se comprometió a pagar 17 mil 100 millones de dólares en multas para evitar llegar a un juicio interpuesto por representantes de 47 estados y el Distrito de Columbia de la Unión Americana quienes acusaron a la empresa propietaria de Facebook e Instagram de que la compañía “utilizó tecnologías poderosas y sin precedentes para atraer, involucrar y, en última instancia, atrapar a jóvenes y adolescentes”. La cifra puede parecer muy alta (son 308 mil millones de pesos) pero en realidad es apenas una fracción de los 200 mil millones de dólares (mdd) que Meta factura al año por publicidad en sus empresas de redes sociales que llegan a sus usuarios enganchados adictivamente.
Según los expertos, lo más importante no es tanto el monto de la multa sino los cambios a los que se obliga a Meta para atenuar la adicción de los adolescentes jóvenes que usan Facebook e Instagram: “La empresa acordó interrumpir el desplazamiento infinito y aplicar límites de tiempo diarios de dos horas en Instagram y Facebook. Para evitar el uso adictivo y las interrupciones del sueño, la empresa limitará el uso entre la medianoche y las 6:00 horas y silenciará las notificaciones entre las 22:00 y las 7:00 horas. Meta también limitará las funciones que los psicólogos vinculan con comparaciones sociales negativas, como los filtros de belleza y el conteo de clics en el botón de ‘Me gusta’. También reforzará las herramientas de verificación de edad y los controles parentales” (New York Times, 27 agosto 2026).
Uno de los puntos centrales de estos controles que Meta se comprometió para que la demanda iniciada en 2023 llegara a su fin es que ya no habrá el paso infinito de los reels (los videos cortos en vertical) que lleva a los usuarios de Facebook o Instagram a consumir varios minutos u horas prácticamente sin darse cuenta.
El invento de esta forma de consumo de contenidos probablemente es una de las creaciones más lucrativas y rentables (y a la vez, perversas) del capitalismo contemporáneo, pues sin tomar plena conciencia de ello, poco a poco nos convirtió a cada usuario de un aparato de teléfono celular con conexión a internet, en un consumidor pasivo de aplicaciones o redes sociales que pensamos que son gratis pero que a la larga nos convierten en una especie de esclavos modernos, una especie de mineros digitales que al picar el dedo en la pantalla del aparato se convierte en una fracción de dólar para Mark Zuckerberg y los dueños de las empresas proveedoras de redes sociales. Y así, con esta adicción tóxica a las redes sociales, los convertimos en millonarios que acumulan una riqueza obscena.
En el acuerdo alcanzado el pasado miércoles Meta se comprometió a pagar los 12 mil millones de dólares de multas y ofreció otros cinco mil 100 mdd si se obliga a otras empresas de redes sociales como YouTube, TikTok y Snapchat a que ofrezcan las mismas restricciones que Instagram y Facebook: límites de tiempo, desactivación de funciones, mayor protección y verificación de edad.
Pero hasta ahora ninguna de las otras redes sociales ha confirmado si se adecuará a las restricciones que ofrecerá Meta en sus redes sociales. Se espera que con estas restricciones se logre atenuar las adicciones tóxicas a las redes sociales. Según los expertos, la demanda contra Meta que se inició en 2023 es comparada por expertos a la que en la década de 1990 se entabló contra las empresas tabacaleras por la adicción a los cigarrillos por parte de consumidores. Se considera que la adicción a las redes sociales es semejante a la de un fumador o un adicto a los casinos.
En un informe publicado en mayo el Equipo Interdisciplinario de Acción sobre Condiciones de Inmersión en Dispositivos Digitales, un grupo de académicos universitarios sostuvo que: “El beneficio de la exposición a pantallas digitales para los bebés es insignificante, mientras que los riesgos potenciales de su uso para el desarrollo físico, cognitivo, social y emocional son sustanciales”.
Varios países, como Dinamarca, Australia, España, Indonesia, Brasil, Turquía, Malasia, Emiratos Árabes Unidos, Gran Bretaña, Francia y Nueva Zelanda han planteado numerosas prohibiciones y restricciones a las empresas de redes sociales para atenuar sus impactos en las infancias y adolescencias, pero la mayoría no ha tenido éxito.
El acuerdo de Meta para restringir el acceso de los adolescentes a sus redes sociales y crear límites de tiempo diarios, aumentar los controles parentales y cortar el acceso durante el horario escolar, solamente para los menores de edad en Estados Unidos.
Pero Facebook tiene tres mil 070 millones de usuarios activos al mes en todo el mundo, lo que representa 37 por ciento de la población mundial e Instagram tiene otros tres mil millones de usuarios, el 36 por ciento de las más de ocho mil personas que habitamos el mundo.
Lo que quiere decir que estas empresas seguirán sometiéndonos como mineros de datos diarios cada vez que tocamos una red social para engancharnos en los reels infinitos perdiendo el tiempo (y la conciencia) en esa adictiva forma de consumo de contenido. A menos que también en México y otras partes del mundo se lleve a juicio a estas empresas que se nutren de nuestra adicción a las redes sociales, especialmente de los adolescentes y jóvenes. Es hora de enfrentar esta adición colectivamente.
