Que exige la CANACO y la COPARMEX: ¿Estado de Derecho o regreso de la Pax Narca?

Alvaro Aragón Ayala

​La discusión pública sobre Sinaloa quedó atrapada en una zona de confort seudointelectual. Todos hablan de violencia, homicidios y negocios cerrados, pero casi nadie se atreve a formular la pregunta más incómoda de todas: ¿qué parte de la economía sinaloense dependía del dinero del narcotráfico?

​A partir de ahí brota otra interrogante: ¿qué exigen exactamente CANACO, COPARMEX y los organismos empresariales al pedir el restablecimiento de las condiciones económicas? Existe una diferencia profunda entre exigir Estado de Derecho y demandar estabilidad financiera. No son lo mismo.

​Si el problema fuera exclusivamente la violencia, la respuesta sería más seguridad, mejor investigación criminal y justicia. Pero si el problema es que la construcción, los servicios y el comercio, etc., dependían indirectamente de la economía criminal, el debate cambia radicalmente.

Antes del actual gobierno, Sinaloa convivió con una contradicción evidente. Al mismo tiempo que se acumulaban homicidios y desapariciones, también crecían desarrollos inmobiliarios, restaurantes de lujo, centros comerciales y agencias automotrices. La violencia coexistía con la prosperidad; el miedo, con el crecimiento.

​¿Era este reflejo de progreso producto únicamente del talento empresarial sinaloense, o existía una inyección permanente de liquidez ilícita? Nadie parece querer responderlo.

Si​ el sector empresarial habla de crisis, es legítimo cuestionar: ¿cuánto de la caída económica lícita actual es causada por la violencia y a cuánto asciende la desaparición de los flujos de dinero del narco que antes circulaban en la sociedad local? No es una acusación, es una pregunta económica elemental.

​La experiencia internacional muestra que las economías penetradas por mercados ilegales sufren periodos dolorosos de ajuste cuando estos se desmontan. La riqueza artificial desaparece antes de que la productiva logre madurar. La transición nunca es automática.

​¿Qué quieren, entonces, realmente los organismos empresariales? ¿Que desaparezcan las organizaciones criminales? ¿Que caigan los funcionarios vinculados a ellas? ¿O simplemente que regrese la Pax Narca que existía antes de la guerra entre facciones?

​Son objetivos distintos con consecuencias distintas. Hay una brecha enorme entre pedir la construcción de una economía limpia y reclamar el regreso de la estabilidad económica previa. Lo primero implica una transformación estructural; lo segundo, una simple restauración del equilibrio anterior.

​¿Están los empresarios listos para una economía 100 por ciento desvinculada del capital ilícito, aun si eso significa años de vacas flacas, cierre de empresas y contracción del consumo? Nadie lo debate públicamente, pero esa es la discusión central. Si la riqueza estuvo dopada por dinero ilegal, el fenómeno no es solo una crisis de seguridad, sino una transición violenta de modelo.

​Tampoco se puede obviar el factor político. Si las cúpulas empresariales elevan el tono de su exigencia ¿se está de frente a una genuina preocupación económica o ante la construcción de una narrativa de presión política y electoral? No sería la primera vez que los sectores económicos operan para reconfigurar el poder aprovechando una crisis de seguridad.

​Sin embargo, la sospecha política no invalida la urgencia de las preguntas de fondo. Y no, no se trata de justificar al narcotráfico ni de defender a ningún gobierno, sino de entender qué se está derrumbando realmente en Culiacán y otros municipios.

​¿Se está rompiendo un sistema económico legítimo golpeado por la delincuencia, o se está colapsando un modelo híbrido donde la economía formal, la informal y la criminal coexistieron bajo un pacto tácito?

​Si ese equilibrio histórico se rompió, la conclusión es inevitable: Sinaloa no está viviendo una simple racha de inseguridad, está presenciando el colapso de una forma de organización económica que durante décadas pocos se atrevieron a nombrar. Esa es la conversación pendiente. Y quizá sea la única que explique de verdad lo que hoy ocurre en Sinaloa.

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