EL “CASO ROCHA” NO QUIEBRA El PROYECTO SUCESORIO MORENA DEL 2027
Alvaro Aragón Ayala
La ofensiva política y mediática contra Rubén Rocha Moya está diseñada para influir en percepciones. Busca sí, más allá del proceso judicial individual o grupal, instalar la duda, erosionar la confianza y alterar el ánimo del electorado. Sin embargo, si se analiza el fenómeno desde la lógica que plantea el libro “La ciencia del voto” de Víctor Andrés Elías Duque, la conclusión es más compleja y menos favorable para la oposición: los escándalos no se traducen automáticamente en cambio de voto.
El tiempo político es el primer factor subestimado por los cerebros del PRI y del PAN. De aquí a las elecciones-votaciones del 2027 hay 13 meses de distancia/tiempo, periodo suficiente para que cualquier crisis pierda intensidad. La evidencia empírica en comportamiento electoral demuestra que el votante promedio tiene memoria política corta y atención intermitente. Las elecciones se deciden en el cierre del proceso, cuando operan la movilización y la identidad partidista.
La fuerza de origen de Morena en Sinaloa sigue siendo estructural. Los cerca de 600 mil votos obtenidos en 2021 no fueron producto de una ola momentánea, sino de una base social consolidada. De acuerdo con los modelos explicados por el consultor político Víctor Andrés Elías autor de “La Ciencia del Voto” y los manuales de ciencia política, ese tipo de voto corresponde a lo que se denomina “voto anclado”, electores cuya decisión está determinada por identidad, beneficios tangibles y pertenencia política.
Aquí entra uno de los argumentos centrales del libro: “El votante no decide como un analista racional, sino mediante atajos cognitivos y lealtades previas”. Eso explica por qué los programas sociales -impulsados por Andrés Manuel López Obrador y continuados por Claudia Sheinbaum- son estructuras de vinculación electoral. En Sinaloa, entre 350 mil y 500 mil beneficiarios directos del Bienestar configuran una red que, ampliada a núcleos familiares, rebasa los 600 mil potenciales votantes.
Desde la perspectiva de la Sociología Electoral, esto es integración política de base. Frente a este núcleo duro, la oposición enfrenta un problema estructural. Ni el PRI ni el PAN tienen hoy la capacidad de construir una identidad electoral equivalente. Y aquí la ciencia del voto esclarece que el sufragio de castigo rara vez se transfiere de manera directa; tiende a dispersarse.
Es decir, el desgaste no se traduce automáticamente en votos para el adversario, sino que se fragmenta entre abstención, indecisión y opciones marginales. En Sinaloa, históricamente, la salida más frecuente del votante inconforme ha sido no votar, no cambiar de partido. O bien, desplazarse hacia los partidos aliados PVEM y PT.
El llamado “Caso Rocha” sí impacta, pero dentro de márgenes previsibles. Bajo modelos de comportamiento electoral, una crisis mediática persistente, sin tener enfrente estrategias de contrainformación y contrapropaganda, puede erosionar entre 5 por ciento y 10 por ciento del voto en el corto plazo. Sin embargo, en escenarios adversos, el daño siempre es administrable dentro de una estructura sólida.
De hecho, pues, las identidades políticas pesan más que los escándalos coyunturales. Otro elemento clave es la naturaleza del votante. Como plantea la Psicología Social, los ciudadanos captan y filtran la información a través de sus creencias previas. Esto significa que el simpatizante de Morena tiende a relativizar o rechazar la acusación, el opositor la amplifica y el votante indeciso la olvida con el tiempo. Por eso, el impacto real depende menos de la alharaca y más de la capacidad de movilización política.
En paralelo, la narrativa sobre las direccionadas acciones legales internacionales ( del gobierno de Donaldo Trump) contra Rubén Rocha Moya, no contra Morena, fue incorporada al discurso opositor como herramienta de presión. Sin embargo, estos procesos responden a lógicas institucionales e intereses propios de los Estados Unidos, no a calendarios electorales locales. Su uso político en México forma parte de la disputa narrativa, no de una definición jurídica inmediata. Además, los procesos judiciales no son eternos.
Entonces, sin duda, el centro de la inflexión está en la reacción interna. “La Ciencia del Voto” sostiene que “las crisis dañan cuando generan fractura interna, no cuando provienen del exterior”. Si Morena mantiene cohesión, dinamiza su estructura territorial y rescata y refuerza su narrativa, el efecto del desgaste se disolverá. Si, en cambio, hay desorden o silencio, la percepción negativa puede amplificarse.
Hoy por hoy, los factores estructurales siguen del lado de Morena que posee una base social amplia, programas que generan lealtad política, presencia territorial y capacidad de movilización. Para que Morena pierda en 2027 tendrían que alinearse cuatro astros improbables: una ruptura interna profunda, la desmovilización de su base social, la cohesión de una oposición en un frente unificado y competitivo y el surgimiento de un liderazgo mesiánico con fuerte arrastre social. No hay coyunturas para que eso suceda.
El proyecto político alineado con Claudia Sheinbaum sigue manteniendo una base social directa, constante y difícil de erosionar. En términos de la ciencia del voto, ese es el factor más determinante en cualquier elección. Sí, exacto, el “Caso Rocha” genera ruido, presión y ajustes, pero no altera la estructura profunda del voto y no toca el núcleo donde se deciden las elecciones.
Dado, entonces, de que el voto se define por estructuras duraderas, identidad política, organización territorial y capacidad de movilización el día de las elecciones y que ese engranaje, hoy por hoy, sigue intacto, el proyecto sucesorio en Sinaloa no está en riesgo, no está fracturado y no está debilitado en su base. Rumbo al 2027 Morena sigue teniendo entonces la ventaja política-electoral decisiva.
