Productores en peligro… ¿cuántos más?
“Los empresarios están en riesgo, entre extorsión, indolencia y abandono institucional, la cuestión es cuántos casos más para que el gobierno se active”.
En un tiempo pasado ya muy lejano, en un guiño político activista, entre broma y realidad, cada vez que algo trágico sucedía, o se destapaba un nuevo acto de corrupción en aquel sexenio priísta, en redes sociales solía preguntarse ¿Cuántos más Peña? El origen de la pregunta está basado en la máxima gubernamental mexicana, todo lo que sucede en el país, es responsabilidad del Presidente de la República.
Desde Carlos Salinas de Gortari y aquello de que en el país no se mueve la hoja de un árbol sin que el Presidente tenga conocimiento, pasando por las afirmaciones de Andrés Manuel López Obrador como candidato primero, de que, efectivamente el Presidente de la República estaba al tanto de todo, premisa que desvirtuaría cuando él ascendió a titular del Poder Ejecutivo y entonces el responsable de todo lo que aconteció en su administración no fue él, sino Felipe Calderón, que había gobernado la Nación 12 años atrás, hasta la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que sigue culpando de los males actuales al último mandatario nacional panista, pero hasta en las situaciones más ridículas, como unas piernas tomando el sol en una ventana de Palacio Nacional.
A siete años de la llegada de Morena a la Presidencia de la República, sus gobernantes ya son el pasado y el presente. El pasado es López Obrador y el presente en Sheinbaum Pardo. Pero por cuántos más casos seguirán culpando a Calderón o a Peña, es algo impredecible dada la facilidad del gobierno actual para trasladar la responsabilidad de los fenómenos criminales actuales, al pasado de hace 20 años.
El hijo cuyos huesos localizó su madre, Ceci Flores hace unos días, fue desaparecido en 2019, cuando ya gobernaba Morena. Sus restos los encontró la madre buscadora en 2026, cuando ya otro gobierno de Morena encabeza la Presidencia de la República.
El viernes 27 de marzo de 2026, hombres armados privaron de su libertad en una central de abastos de Mazatlán, Sinaloa, al empresario Rafael Tirado Lizárraga. Lo suyo era vender fruta en un expendio especializado en ello, y en eso estaba cuando a la fuerza lo sacaron y se lo llevaron. No lo desaparecieron. Lo mataron. Lo torturaron primero y luego a balazos acabaron con su vida. Sus restos, los dejaron a la orilla de una carretera. Tirados.
La noticia es por demás trágica, terrible, de horror. Un hombre de negocios es llevado por la fuerza, asesinado y luego, abandonado como un despojo.
Pero ni la crudeza del hecho, la saña de la acción, contra un ciudadano económicamente activo, contribuyente del gobierno y parte de una cadena de producción de alimentos, despierta a un gobierno embelesado en el espejo de sus logros y su sed de poder entre porras de sus adeptos.
Lamentablemente el caso de Rafael Tirado Lizárraga no es el único en las mismas circunstancias y formas. Van muchos más, pero por lo menos, otros tres en los últimos seis meses.
El mismo marzo, un día antes de que privaran de su libertad para matarlo a Rafael Tirado, en Colima fue también llevado contra su voluntad por parte de hombres armados, el productor de plátano Eduardo Ochoa Arias. Los reportes de prensa que sobre el hecho se escribieron en aquel estado lo destacan como un empresario que, ocho días después, también apareció muerto. Igual, con evidentes señas de tortura en su cuerpo e impactos de bala que lo silenciaron para siempre. Abandonado sus restos hasta ser localizados para que el gobierno lo sume a una estadística fatal, cada vez más abultada.
En diciembre causó indignación el secuestro/asalto del empresario José Adrián Corona Radilla. Hombre de negocios, productor de tequila entre otras cosas, era uno de quienes levantan la economía de la región de Jalisco con la compra de agave para la elaboración de sus productos, algo que venían haciendo desde generaciones atrás.
Evidentemente sin preocupación, José Adrián viajaba en su auto con su pareja e hijos en la carretera que va hacia Puerto Vallarta, cuando fue interceptado por hombres armados. A punta de pistola los asaltaron, les quitaron sus pertenencias y también al empresario. Se lo llevaron, lo privaron de su libertad. No se consideró secuestro porque no hubo una solicitud de rescate. Dos días después de la tragedia, el 29 de diciembre de 2025, se confirmó la fatalidad, lo mataron.
Al igual que los dos casos anteriores, el de Eduardo Ochoa y el de Rafael Tirado, el cuerpo de Adrián Corona presentaba signos de tortura y habían puesto fin a su vida a balazos. Sus restos fueron abandonados también a un costado de una carretera.
El caso más notorio de empresarios asesinados en los últimos seis meses del sexenio de la Presidenta Claudia Sheinbaum es el del líder limonero Bernardo Bravo, de la Asociación de Citricultores de Apatzingán, Michoacán. Y fue relevante porque él mismo denunció, literal hasta la muerte, la extorsión de la que eran objeto los productores de su sector.
El 19 de octubre salió a una cita con agricultores y ya no regresó. En una parte del camino que recorría fue interceptado por criminales quienes lo despojaron de sus pertenencias, lo golpearon y lo mataron con un disparo a la cabeza. En esta ocasión sus restos no fueron abandonados al filo de carretera, camino o calle. Sus verdugos lo montaron de nueva cuenta en su vehículo el cual habían trasladado y lo dejaron encendido.
En centrales de abastos, en la producción de alimentos, en expendios, en organizaciones de sectores productivos, los empresarios, las empresarias, están en riesgo, entre la extorsión imparable del narco, la indolencia del gobierno y el abandono institucional, la cuestión es, cuántos casos más, para que el gobierno de la República se active, deje de culpar al lejano pasado y las decisiones ajenas, y comience a tomar las propias para salvaguardar la integridad física de los mexicanos. A estas alturas, con dos presidencias de la República, y titularidades en 23 entidades federativas, la responsabilidad absoluta es de los gobiernos de Morena, a quienes el tiempo ya los alcanzó.
