México “tira” 40 billones de litros de agua al año en comida desperdiciada

Lorena Rivera

El agua que México pierde no sólo está en las fugas, en el riego por inundación o en la evaporación causada por las altas temperaturas, también se encuentra en los contenedores de basura de supermercados y hogares, porque cada año se desperdician 20.4 millones de toneladas de alimentos o el 34% de la producción nacional.

Se trata de una pérdida invisible de 40 billones de litros de agua —cantidad que llenaría aproximadamente 16 millones de albercas olímpicas—, de acuerdo con cálculos con base en la huella hídrica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Para entender la magnitud del problema, debe hablarse de la huella hídrica —desde la producción agrícola hasta la distribución de los alimentos—, porque el desperdicio no es sólo comida que no se vende, se trata de agua, energía y recursos que ya se utilizaron sin generar valor alguno, explica Braulio Valenzuela, Country Manager de Cheaf en México, plataforma que conecta excedentes de alimentos con consumidores.

Esos 40 billones de litros de agua, resalta, podrían cubrir el consumo anual de entre 40 y 50 millones de personas en México si sólo se gestiona mejor la merma. © 2025 Imagen – Excélsior. Todos los derechos reservados. El contenido de este sitio y de la edición impresa está protegido por la Ley Federal del Derecho de Autor. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización previa y por escrito. El material de terceros conserva sus propios derechos.

“Si sólo se gestiona mejor la merma cambia la dimensión del problema, porque el impacto del desperdicio deja de ser un tema exclusivo de la cadena alimentaria y se convierte en un tema de gestión de recursos. En ciudades donde la presión hídrica es creciente, esta discusión no puede seguir postergándose”, apunta Valenzuela.

Reducir apenas 10% de esa merma, dice, permitiría recuperar cuatro billones de litros de agua al año (equivalente a 4 mil millones de metros cúbicos).

El desperdicio de comida no es sólo un problema ético o económico, se ha vuelto una emergencia ambiental y climática de primer orden. Producir un kilo de carne, granos o lácteos requiere miles de litros de agua que rara vez se contabilizan en la toma de decisiones operativas de las empresas.

Tirar comida a la basura no es sólo una presión sobre la disponibilidad de agua, es una acción responsable de entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero según cálculos recientes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la ubican como un motor crítico de la crisis climática.

En regiones con alta presión hídrica y gran actividad económica, como el norte del país, el Bajío y el Valle de México, la pérdida de alimentos es insostenible. Una parte fundamental del problema ocurre en las etapas finales de la cadena, el retail y el foodservice.

En supermercados y restaurantes, la presión por mantener estantes llenos y la falta de métricas claras sobre la merma hacen que el desperdicio se vea como una “consecuencia operativa” inevitable y no como una falla.

“Cuando no hay procesos ni incentivos para gestionar el excedente, lo más fácil es descartarlo”, advierte Valenzuela.

Entonces, la meta del 10% es una solución al alcance de la gestión eficiente de la cadena de valor.

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