Sección 27: el eslabón roto del SNTE
Álvaro Aragón Ayala / MAGISTERIO
La Sección 27 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación en Sinaloa ya se convirtió en el principal foco de desgaste, desorden y pérdida de legitimidad del sindicalismo magisterial federal en Sinaloa. Es ahí donde se expresa con mayor claridad la crisis de representación, el agotamiento del modelo corporativo y la distancia creciente entre dirigencia y bases.
Por eso, la visita de Alfonso Cepeda Salas a Culiacán, anunciada para este viernes, no tiene como objetivo central fortalecer al magisterio federalizado, sino reordenar un tablero político-sindical profundamente descompuesto, cuya principal pieza fuera de control es precisamente la Sección 27.
El problema de fondo es evidente: la Sección 27 opera hoy sin dirección política real y sin respaldo efectivo de los maestros. Su actual dirigente, Genaro Torrecillas, ya concluyó su periodo estatutario y continúa en el cargo gracias a una combinación de omisiones institucionales, tolerancia del Comité Nacional y acuerdos cupulares.
La permanencia de una dirigencia vencida ha provocado desconfianza en las bases, fragmentación interna, desmovilización gremial, pérdida de capacidad de negociación y desprestigio institucional
Hoy, para miles de maestros federalizados, la Sección 27 no defiende derechos, no articula demandas y no genera liderazgo. Funciona, en los hechos, como una oficina administrativa subordinada al centro y a intereses localistas.
La crisis de la Sección 27 refleja un problema mayor ya que en Sinaloa dejó de ser una herramienta útil para los trabajadores de la educación. En lugar de defender salarios, presionar por mejores condiciones laborales, intervenir en políticas educativas, acompañar a las bases, se ha transformado en una red de control político, un canal de alineamiento partidista, una estructura electoral y un espacio para la negociación cupular.
Alfonso Cepeda no viene a fortalecer al gremio: viene a ordenar el poder y en este contexto, su próximo arribo no puede interpretarse como una visita sindical. Más bien tiene las características de una intervención política. El dirigente nacional del SNTE medirá fuerzas, evaluará cuadros, detectará las fisuras, reorganizará las lealtades y definirá la sucesión.
En otras palabras: viene a reconstruir una estructura que hoy no le sirve a su proyecto nacional. El desorden actual de la Sección 27 representa un problema estratégico: un sindicato fragmentado que no moviliza votos, no opera campañas y no garantiza disciplina. Para Cepeda, eso es inaceptable.
LA “NUEVA” MAQUINARIA MORENISTA
Históricamente, el SNTE fue un pilar del PRI. Hoy, se ha reconvertido en aliado del proyecto de la llamada Cuarta Transformación, encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo y el partido Morena.
El cambio ha sido político, no democrático. La lógica corporativa sigue intacta: verticalismo, control, disciplina y subordinación. Únicamente cambió el beneficiario. La Sección 27 es hoy una pieza débil dentro de esa nueva maquinaria, y Cepeda busca reforzarla o reemplazarla.
El proceso que se perfila para la Sección 27 no apunta a una apertura real. Apunta a una sucesión dirigida. Todo indica que la convocatoria será tardía, que los tiempos serán administrados y que los operadores llegarán desde el centro. Así, el margen de competencia será limitado.
Cepeda no busca ni buscará que gane el mejor perfil para los maestros, sino el más funcional para sus intereses personales y el proyecto nacional. La futura elección sindical será una reedición, con nuevos colores, del modelo heredado de Elba Esther Gordillo: control antes que representación.
