Fracaso de Marcos; “disculpe las molestias, esto es el crimen organizado”

Carlos Ramírez

40 años de haber fundado el movimiento guerrillero y a 30 años del alzamiento zapatista en Chiapas que ya desapareció del imaginario colectivo, el subcomandante Marcos regresa porque nunca se fue, pero su retórica que llegó a deslumbrar los primeros años es insuficiente y aburrida para ocultar el fracaso de su movimiento.

La agenda revolucionaria del EZLN –que nunca fue Ejército– nació de una contradicción irresoluble: un liderazgo intelectual-político de la guerrilla política del Frente de Liberación Nacional sesentayochero y unas bases indígenas en Chiapas y sin hacer confluir a otras comunidades originarias.

Derrotado el movimiento en el ámbito militar en Ocosingo el 10 de enero de 1994, Marcos pasó a la guerrilla como acción comunicativa, abandonó su proyecto de revolución socialista en modo de castrismo posmoderno y se refugió en una agenda indígena que fue dominada por el discurso asistencialista del Gobierno de Salinas y la capacidad de negociación política de Manuel Camacho Solís.

A punto de celebrar los 30 años del alzamiento guerrillero del 1 de enero de 1994, el EZLN anunció en medio de comunicados en modo Marcos –el confusionismo anarquista literario– el cierre de los que fueron símbolos del avance institucional del zapatismo: los municipios autónomos en actividades administrativas y no judiciales ni de seguridad, acreditando la decisión al avance del crimen organizado en el estado que nunca tomó en cuenta con seriedad la existencia de brigadas armadas zapatistas.

La historia del EZLN nació con la reactivación de una nueva fase de la sociedad civil que acunó a los guerrilleros en atapa de revolución armada para evitar la represión institucional y conminando a la lucha política; la distancia de los años se percibe que Marcos nunca tuvo una estrategia integral revolucionaria, anunció la guerrilla activa y avanzó rumbo a la Ciudad de México para derrocar al gobierno del presidente Salinas de Gortari y convocar a nuevas elecciones, pero fue detenido en Ocosingo.

El EZLN se quiso convertir en el engendro que mezclaba la amenaza de las armas en posesión de algunos indígenas y la búsqueda de una democrática procedimental sistémica priista que nada tenía que ver con la democracia revolucionaria socialista de una verdadera guerrilla; el modelo de Marcos se hundió en la Convención Nacional Democrática de agosto de 1994 y no influyó en las elecciones presidenciales, ni tampoco supo aprovechar la oportunidad política trágica del asesinato de Luis Donaldo Colosio: el PRI ganó con su bandera de la paz y anuló al EZLN.

Marcos siguió al frente del liderazgo del EZLN: definió la reforma de San Andrés Larrainzar, pero se jugó el todo por el todo con el objetivo de buscar el reconocimiento a las  naciones indígenas –estados dentro del Estado– que nunca encontró apoyo en el Congreso; no influyó la presencia zapatista en la tribuna de la Cámara de Diputados en el 2001, como culminación de una gira de rock star de un Marcos sin armas y vigilado paradójicamente por las fuerzas institucionales de seguridad en todo su trayecto.

La lucha política institucional contra la cual se había alzado en armas Marcos en 1994 ahogó las posibilidades del movimiento zapatista, sobre todo porque el EZLN no pudo convertirse en un frente político que luchara por el poder en el ambiente electoral. En los hechos, Marcos se quedó en el limbo de la protesta literaria, sólo seguido por el escarabajo Durito como su consejero en modo de Joseph-Marie Córdoba Montoya zapatista.

El alzamiento del 1 de enero de 1994 se dio el grito de “disculpen, esto es una revolución”, pero terminó en noviembre de 2023 con el repliegue estratégico y táctico del EZLN de la zona chiapaneca y el abandono de la plaza a favor de las fuerzas federales de seguridad, sino la delincuencia que se ha fortalecido por la complicidad institucional estatal y municipal, pero que nunca pudo encontrar un dique en las fuerzas indígenas revolucionarias: “disculpen, esto es el crimen organizado”.

Después de su fracaso con los acuerdos de San Andrés, Marcos abandonó el escenario nacional e internacional, anunció su propia muerte y promovió su resurrección como subcomandante Galeano con esporádicos comunicados que fueron leídos para pasar el rato y ya sin ninguna influencia en la agenda política de la República. Ahora Marcos revela la muerte del subcomandante Galeano y anuncia el liderazgo –en apariencia degradado– del capitán Marcos, pero sin ninguna idea ni ninguna protesta real, ni menos aún con un diagnóstico sobre la crisis de la República.

En su reapariciónel capitán Marcos se encontró con su primer mensaje de la realidad en una manta simbólica: “rebienvenido a la pesadilla”.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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