¿Cómo y con quién se negoció la pax narca en Sinaloa Municipio?

Álvaro Aragón Ayala

A las comunidades de la sierra de Sinaloa Municipio flageladas y abandonadas por la granizada de balas causada por la división, en dos, de un grupo del narcotráfico, regresó la pax narca con una especie de tregua que garantizaría la aparente tranquilidad de la zona. Los desplazados temporales, albergados en Guamúchil, retornaron a sus casas, pero nada asegura que no corran riesgos de ataques criminales, salvo que el gobierno estatal haya negociado con los grupos delictivos para que frenen la escalada de violencia.

El terror se apoderó de las poblaciones serranas a raíz de la disputa de la plaza derivada de la ruptura de un cártel regional. La violencia alcanzó a los habitantes de las comunidades de la montaña, quienes ante el temor de perder la vida salieron huyendo rumbo a la ciudad de Guamúchil, Salvador Alvarado.

ficialmente se habla de un muerto, localizado colgado, pero extraoficialmente se sabe de más fallecidos en la refriega. Es común que los narcos o sicarios recojan los cuerpos de sus compañeros caídos.

En Guamúchil, familias de desplazados se negaban a abandonar el albergue provisional que se habilitó para darles temporalmente cobijo y revelaron que habían desaparecido seis personas a las que sacaron con engaños del refugio. Las autoridades negaron la existencia de esos ciudadanos, considerados de esta manera doblemente desaparecidos. El gobierno estatal prefirió “borrarlos del mapa” en vez de investigar las denuncias de sus parientes quienes hasta nombre de los “esfumados” aportaron.

Ocultando los detalles de cómo se logró pacificar la región, el gobernador Rubén Rocha Moya anunció el regreso de los desplazados por la guerra narca y visitó, sobreprotegido por un comando policial y militar, una de las comunidades fustigada por la violencia y repartió ahí, para la foto, migajas oficiales para mitigar el miedo de los habitantes y para aparentar que los pueblos son rehabilitados, y que, por fin, después de décadas, llegó la ayuda humanitaria atrás de los sucesos violentos.

El gobierno rochista actúa con una seguridad que levanta muchas suspicacias, incluso de complicidad con el crimen, pues refrenda que ya llegó de nuevo la paz a las comunidades serranas con presencia delictiva como si ya hubiera detenido a los cabecillas y sus grupos causantes de la devastadora ola de terror, pero no ha agarrado a nadie, salvo a tres individuos que cayeron en un descuido con armas y propaganda en el que se señala a un personaje de la violencia que estalló en la serranía y que provocó la desbandada de los pueblos.

Es tal la seguridad del gobierno de Rocha de que el terror no volverá a las poblaciones de Sinaloa Municipio que deja abierta la posibilidad de plantear la hipótesis de una posible negociación del gobierno estatal con los cabecillas de los grupos delictivos para que dejen de enfrentarse entre sí a cambio de impunidad y permitir que operen sus negocios en esa franja territorial. La teoría no es descabellada porque las versiones periodísticas apuntan al control del narco de espacios políticos y de posiciones de mando en el ayuntamiento sinaloíta.

El restablecimiento de la pax narca en Sinaloa Municipio, no hay de otra, garantizaría, quizá bajo la óptica del gobernador Rubén Rocha el que los grupos delictivos dejen de causar problemas en las comunidades serranas, que ya no levantes ni maten gente, que no sacrifiquen animales, no quemen ni tiroteen casas y que no incendien vehículos. El gobierno rochista limpió los caminos, recogió los cascajos y reparte migajas, láminas, catres y despensas, para intentar congraciarse con la población e intentar borrar los vestigios de la violencia.

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