Nueva república del poder: Morena y PAN desplazan al PRI

 Carlos Ramírez

El resultado electoral el pasado 6 de junio consolidó una nueva redistribución del poder político en México. Los principales saldos indican el agotamiento del PRI como partido dominante, la consolidación de Morena como un nuevo partido mayoritario y del PAN como principal adversario fortalecido por los sobrevivientes del casi inexistente PRD y del priísmo en proceso de achicamiento.

Tres datos serían los dominantes:

1.- Morena, apuntalado por el PT y el Partido Verde, mantuvo la primera mayoría en la Cámara de Diputados con el 53% de la bancada, suficiente para aprobar leyes, pero insuficiente para modificaciones constitucionales.

2.- El PRI se redujo a su mínima expresión y pudo lograr una bancada de 70 diputados por su coalición con el PAN y el PRD. De todos modos, el PRI desapareció por completo en diez estados de la República donde no logró ni una curul para el congreso federal y en los demás estados de la república apenas alcanzó bancadas de entre uno y menos de ocho diputados federales. Como siempre, sólo en el Estado de México logró una presencia fuerte con 15 diputados federales.

3.- En la redistribución de estados de la República, el PRI se derrumbó a tener sólo cuatro gubernaturas de las treinta y dos existentes, un deplorable 12.5%, en tanto que Morena –sin resolverse litigios en el Tribunal Electoral– se convirtió en la principal fuerza electoral regional con 16 gubernaturas –50% del total–, con dos entidades para Movimiento Ciudadano, ocho para el PAN, una para el Verde y una para el inexistente Partido Encuentro Social.

El dato más significativo se localizó en la victoria de Morena en diez de las quince elecciones de gobernador, pero con una disminución de su base legislativa. Y si bien es importante la expansión territorial a nivel de gobiernos estatales, en los hechos el poder real se localiza, después del presidente de la república, en el congreso federal. Y en la Cámara de Diputados, Morena disminuyó de 252 diputados en la legislatura que termina esta semana a 198, una pérdida de 54 legisladores –el 78.5%–, que son justamente los que necesitaba el partido en el poder para alcanzar casi la mayoría calificada de dos terceras partes de la cámara.

El margen de poder de la República derivado de las elecciones del 6 de junio le redujo espacio y capacidad de decisión al presidente de la república, porque lo obligará ajustar su agenda de reformas de Estado por la falta de mayoría calificada en las dos cámaras, aunque siempre habrá espacios de negociación política para conseguir los votos que se requieren para modificar la Constitución. En la primera parte del sexenio, el presidente López Obrador pudo negociar con votos opositores algunas iniciativas de política social indispensables para su proyecto de gobierno.

La oposición evitó la debacle al aumentar sus bancadas legislativas, aunque no consiguieron su objetivo de lograr la mayoría absoluta de 51%. Y aunque el PRD y el PRI aumentaron sus diputados, tampoco recuperaron parte de lo perdido en el 2018. Con el 40% de diputados y la posibilidad de sumar en votos aliados el 4.6% de Movimiento Ciudadano, la alianza opositora cuanto menos podrá ser un contrapeso político, aunque sin modificar muchas de las leyes que Morena podría aprobar con su mayoría absoluta.

El principal problema de la alianza opositora radica en la falta de un liderazgo operativo con capacidad de negociación, porque existen temores en los tres partidos opositores de que algunas iniciativas de Morena consigan los votos para aprobar sus iniciativas más importantes.

El otro dato que ha puesto en el centro del debate el tema de las diputaciones plurinominales se expresa en el hecho de que, por ejemplo, el PRI logró más candidaturas de representación proporcional (40) que las diputaciones por mayoría relativa distrital (30), lo que revela la pérdida de espacio territorial para el partido que llegó a ganar la totalidad de los diputaciones, senadurías y gubernaturas. El PRD y Movimiento Ciudadano también ganaron más plurinominales que distritales.

La agenda legislativa-política de la Cámara que comienza este 1 de septiembre tiene el signo dominante de la sucesión presidencial de 2024. En este contexto se van a localizar las primeras iniciativas urgentes de reforma electoral para reconfigurar al Instituto Nacional Electoral y al Tribunal Electoral Federal.

La iniciativa de Morena para la revocación de mandato se desbarrancó por la tardanza en la presentación de la ley reglamentaria que debió de haber sido operada antes de las elecciones del 6 de julio para aprovechar el dominio morenista, pero desórdenes internos en el partido obligaron a presentarla después de las votaciones y de la disminución de la base legislativa del partido en el poder.

La nueva república del poder disminuyó la fuerza legislativa de Morena alejándola de la mayoría calificada y aumentó su expansión territorial estatal y posicionó al PAN como el partido-locomotora de una magra oposición priísta y perredista. El partido Movimiento Ciudadano no pudo conseguir las curules necesarias para convertirse en partido-bisagra y su alianza con el grupo opositor no alcanzará para debatir la mayoría absoluta morenista.

El desafío más importante lo tiene Morena por sus desencuentros con el Partido Verde y el PT y la posibilidad del regateo de mayores beneficios del poder a cambio de mantener la alianza legislativa.

La conclusión muestra una nueva república del poder con más indicios de ingobernabilidad que de certeza política.

Con información de Indicador Político

Share

You may also like...