En duda la disminución de homicidios en México; la Ibero detecta anomalías en las cifras

Un estudio de la Universidad Iberoamericana advierte que la caída de 44% en el promedio diario de asesinatos reportada entre septiembre de 2024 y febrero de 2026 debe analizarse con cautela: mientras bajan los homicidios, crecen categorías como “otros delitos contra la vida”, aumentan las desapariciones y el nuevo registro de 2026 dificulta comparar los datos.

Vic. Gerado Balderas

La reducción de 44% en el promedio diario de homicidios dolosos reportada por el gobierno federal entre septiembre de 2024 y febrero de 2026 no necesariamente equivale a una disminución de la violencia letal en México, advierte un estudio de la Universidad Iberoamericana, que detectó anomalías en los registros oficiales y cambios metodológicos que pueden afectar la lectura de las cifras.

El análisis “Menos homicidios, más preguntas: Hipótesis y evidencia sobre la disminución de la violencia homicida en México”, elaborado por la doctora Carolina Jasso y publicado en abril de 2026 por el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero, plantea siete posibles explicaciones para el desplome de los homicidios y advierte que ninguna puede asumirse como causa sin una evaluación independiente.

El punto de partida es la magnitud de la reducción: el promedio diario pasó de 86.9 víctimas en septiembre de 2024 a 48.8 en febrero de 2026, una velocidad de descenso que, de acuerdo con la investigación, rebasa lo que podrían explicar por sí solas las tendencias estructurales de largo plazo.

Crecen otros delitos mientras caen los homicidios

Una de las principales señales de alerta está en la evolución de las categorías contiguas al homicidio dentro de los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Entre 2015 y 2025, mientras los homicidios dolosos aumentaron 24%, la categoría “otros delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal” creció 355.7%, al pasar de 3 mil 122 a 14 mil 228 carpetas de investigación anuales.

La anomalía también aparece al observar 2025. Conforme disminuyeron las carpetas por homicidio doloso, el peso de esa categoría residual frente al homicidio aumentó de 48.6% en enero a 82.9% en octubre.

Para Jasso, este comportamiento obliga a preguntarse qué está ocurriendo con los casos que dejan de aparecer dentro del indicador principal. El estudio no concluye que exista una manipulación deliberada de las cifras, pero sí advierte que una disminución en el indicador de homicidio no puede interpretarse automáticamente como una reducción equivalente de la violencia.

El cambio de registro en 2026

A esta anomalía se suma un cambio en la forma de contabilizar los delitos.

En enero de 2026 comenzó a operar el nuevo Registro Nacional de Incidencia Delictiva (RNID), que amplió el catálogo de delitos e incorporó categorías específicas que dificultan la comparación directa con las series anteriores.

Entre ellas aparece “tentativa de homicidio doloso”, que registró 154 carpetas en enero y 210 en febrero de 2026. También se incorporó el desglose de “tentativa de feminicidio”.

El estudio advierte que comparar directamente las cifras previas a 2026 con las posteriores puede generar conclusiones equivocadas si no se realiza una reagrupación metodológica. En otras palabras, el instrumento con el que se mide el fenómeno cambió justo en el periodo en que se reporta una reducción pronunciada de los homicidios.

Menos homicidios, más desapariciones

La investigación también contrasta la caída de los asesinatos con el comportamiento de las desapariciones.

De acuerdo con los datos revisados por Jasso, 2024 cerró con 12 mil 729 personas desaparecidas, mientras que durante los primeros seis meses de 2025 se acumularon 8 mil 317 casos.

El estudio plantea que una parte de la violencia letal podría estar desplazándose hacia la desaparición de personas. Cuando un cuerpo no es localizado, la muerte no necesariamente entra de inmediato en las estadísticas de homicidio y el caso puede permanecer registrado como desaparición.

Bajo esta hipótesis, conocida en el estudio mediante la expresión “sin cuerpo no hay delito”, el ocultamiento de cadáveres puede reducir la violencia visible y, al mismo tiempo, mantener elevada la cifra de personas desaparecidas.

El fenómeno adquiere una dimensión particular entre los jóvenes. En Jalisco, el análisis identifica un incremento desproporcionado de desapariciones entre personas de 15 a 19 años a partir de 2024, comportamiento que plantea, entre otras posibilidades, la hipótesis del reclutamiento forzado por organizaciones criminales.

La violencia sigue concentrada en los mismos municipios

Otro de los elementos analizados contradice la idea de una pacificación homogénea del país.

A través de la curva de Lorenz y el índice de Gini municipal, la investigación encontró que la concentración territorial de los homicidios se mantuvo relativamente estable durante la última década, con valores de entre 0.82 y 0.88 entre 2015 y 2025.

Esto significa que, aunque el número nacional de homicidios disminuya, los municipios que históricamente concentran la violencia continúan concentrando una proporción importante de los asesinatos.

Para la autora, esta persistencia abre otra pregunta: si existe una reducción real de la violencia, ¿por qué no se modifica de manera sustancial el mapa territorial de la letalidad?

¿Pacificación o cambio en la violencia?

El estudio considera también una explicación vinculada con el control territorial de las organizaciones criminales.

A partir del marco teórico de Stathis Kalyvas, Jasso plantea que cuando un grupo logra consolidar un control territorial hegemónico, puede disminuir la violencia homicida visible porque ya no necesita recurrir de manera constante a ejecuciones públicas para imponer su dominio.

La aparente calma, sin embargo, puede coexistir con otras formas de victimización, como extorsión, cobro de derecho de piso, reclutamiento y desaparición selectiva.

La investigación también contempla la posibilidad de pactos o equilibrios entre organizaciones criminales. El caso de Sinaloa, señala, constituye un ejemplo que debe analizarse a partir de la evolución de la violencia después de la ruptura entre facciones registrada en septiembre de 2024.

La estrategia de seguridad aún no tiene una evaluación independiente

La administración federal atribuye buena parte de la reducción a su Estrategia Nacional de Seguridad, con acciones como detenciones y aseguramientos de armas y drogas.

Sin embargo, el estudio advierte que no existen evaluaciones independientes suficientes para determinar cuánto de la reducción de homicidios puede atribuirse directamente a esas acciones.

La investigación señala que los modelos estadísticos de largo plazo sí anticipaban una reducción gradual de los homicidios, pero no una caída de la magnitud observada en un periodo tan corto.

Por ello, la autora propone utilizar el “análisis de implicaciones” para contrastar las distintas hipótesis y evitar atribuir la reducción a una sola causa sin evidencia suficiente.

El planteamiento central no es que la caída de los homicidios sea necesariamente falsa, sino que las cifras requieren ser examinadas junto con otros indicadores y bajo metodologías que permitan distinguir entre una reducción real de la violencia, cambios en los repertorios criminales y problemas en la medición.

En ese sentido, el estudio de la Ibero coloca una pregunta incómoda en el centro del debate de seguridad: ¿México está matando menos o simplemente está registrando de otra manera una parte de la violencia?

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