El “Cantinflas” perverso de Sinaloa
Álvaro Aragón Ayala
Convertido en personaje público por motu proprio, agitador de estudiantes menores de edad y abogado “defensor” de los integrantes de la Asociación de Jubilados, A.C., Berzahí Osuna Enciso, encarna a “Cantinflas”, personaje de la comicidad ya fallecido. Exacto: se identifica y genetiza con el mimo Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes (Mario Moreno). Ese es su antifaz: es el maestro de la retórica del absurdo. Embaucador por excelencia, teatral y profesional de la máscara.
Considerado todavía el “eslabón perdido” o el “testigo disruptivo” del asesinato del periodista Humberto Millán Salazar, director del Diario Digital ADiscusión, crimen que aún permanece impune, Berzahí Osuna usó, en el inició proceso de la investigación del “levantón” y homicidio, sus dotes histriónicas, llorando como Magdalena -especie de victimismo coreografiado-, para impedir que los agentes de la Fiscalía General de Justicia de Sinaloa lo incluyeran en las hipótesis que lo vincularían con el comando de la muerte.
Sí. Berzahí Osuna “lloró a moco tendido” en una conferencia de prensa porque los reflectores apuntaban hacia él ya que gritaba a los cuatro vientos que poseía un audio en el que Humberto Millán señalaba a los políticos que lo podía asesinar o tenían motivo para matarlo, y porque además los investigadores sospechaban y sospechan del abogado Osuna, quien colaboraba con el periodista en un programa de opinión de redes digitales, dado que era el único que sabía del itinerario y ruta que seguiría el día que fue plagiado.
¿Berzahí proporcionó o no información relevante a los asesinos para que ubicaran a Humberto Millán en tiempo real? Ese crimen no fue un evento aislado, sino una operación que requirió logística. Los criminales obtuvieron la agenda diaria de Humberto de “alguien” para poder identificar la “ventana de oportunidad” para perpetrar el homicidio. Ese “alguien” -aún se sospecha- pudo ser el abogado de la Asociación de Jubilados. Los criminales sabían de la rutina y de los puntos de vulnerabilidad del periodista y dominaron todos los escenarios.
Pues bien, ese Berzahí Osuna que dramatizó y sollozó frente a los periodistas derramando lágrimas “de cocodrilo” por Humberto Millán, teatralizando, adoptando la figura de Poncio Pilatos “lavándose las manos” en su propio llano, reapareció, días atrás, con la batuta de la “defensa” de un grupúsculo, reducido, muy reducido, de jubilados de la Universidad Autónoma de Sinaloa, agitando, a la vez, a estudiantes menores de edad en contra de los directivos de la Casa Rosalina.
Ese abogado, que si se hipotetiza seguramente sabe más de lo que ha contó sobre el asesinato de Humberto Millán, se asume a sí mismo como el “cerebro” del movimiento de los jubilados y capta los reflectores, elevándose como el “mesías”, como constructor de “una nueva” Universidad, sin embargo, un análisis psicológico y sociolingüístico profundo, arroja como conclusión que es un individuo que utiliza el lenguaje como un escudo y una espada. Habla mucho para no decir nada, para confundir y para intentar nivelar el escenario en donde no es nadie y no tiene el poder real.
El propio Berzahí Osuna ofreció, en uno de sus “programas” informativos digitales, perfiles de su personalidad trombótica al no identificarse, sino revelar “sentirse” como “Cantinflas”, con cuyo personaje el actor Mario Moreno parodió en las películas al “pícaro” moderno. En los films “Cantinflas” representaba al “peladito”: el hombre de clase baja que sobrevive en un sistema que no fue diseñado para él.
De acuerdo a la Real Academia Española el “cantinfleo” consiste en hablar mucho, en forma disparatada, sin decir nada sustancial que lo que permite responder preguntas difíciles de forma circular, confundiendo al interlocutor hasta que el tiempo se agota o el tema se diluye. Al no ser claro, evita comprometerse con posturas fijas que puedan ser usada en su contra más adelante.
La verborrea de Berzahí Osuna es usada para llenar con ruidos escandalosos los vacíos o “silencios” de frente a una realidad impostergable, a un estado universitario que ninguna demanda o amparo puede alterar. Ese ruido es lo que hoy se llama “cortina de humo”. El uso de ráfagas de palabras para intentar hipnotizar a los jubilados y manipular estudiantes y tratar de marear o asustar a quienes empujan cambios profundos y estructurales en la Universidad.
Usar una retórica insulsa en una atmósfera universitaria es tramposa, pero a la vez estúpida. Es el equivalente verbal a comer aire. George Orwell, novelista, periodista, ensayista y crítico, precisó que “el lenguaje sobre todo el político está diseñado para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable, y para dar una apariencia de solidez al puro viento.” No. Berzahí no es un estúpido; es el maestro de la retórica del absurdo. Embaucador por excelencia, teatral y profesional de la máscara.
