UAS: 3er Informe. El año de la tormenta

José Luis López Duarte

Desde hace 40 años, por allá en 1982, cuando inició el gobierno de Antonio Toledo Corro, el más caciquil de los gobernadores de los últimos 60 años en Sinaloa, la UAS no volvía a sufrir otra ofensiva a su autonomía y a su institución, como ahora sucede desde 2023, por el gobernador Rubén Rocha Moya, pese a que se creyó que la centenaria “casa rosalina”, viviría su mejor época.

No, no fue así, el “promisorio” nuevo gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, resultó ser un nefasto y vulgar agresor de la UAS, superando al cacique Toledo Corro, a tal grado de haber convertido en su principal (y al parecer la única) tarea de gobierno: la persecución política en contra de la autonomía universitaria y sus autoridades.

Por eso, el 3er informe de labores del rector Jesús Madueña Molina en voz del encargado de despacho, Robespierre Lizárraga Otero, fue un acto cargado de simbolismo, de todo lo que ha hecho la UAS en este año de persecución política, tiempo en el que sus actividades sustantivas se ampliaron y profundizaron, lo que de suyo es meritorio, pero lo es más en este contexto de defensa de la UAS ante el acoso, la persecución y la calumnia.

Simbolismos que reflejaron las fortalezas de la Universidad crecieron lo que puso de manifiesto el temple de su conciencia, elevar el nivel de su organización y compromiso con la institución, al mismo tiempo la ponderación del orden y el respeto para nunca abandonar y decaer en sus tareas, lo que es reflejo en el crecimiento de sus liderazgos y mejores resultados.

Fueron claros y contundentes las voces de Robespierre Lizárraga a la presentación del 3er informe, como también el rector Jesús Madueña Molina en la reseña de la defensa de la autonomía universitaria y responder al acoso, persecución política y desprestigio por parte del gobierno rochista.

El tercer informe del rector de la UAS, fue también espectacular en su forma y en su fondo al mostrar la capacidad organizativa, la unidad interna, la imagen de sus logros, como conquistas en medio de una batalla, resultando un festejo más que un acto de rendición de cuentas, como síntesis del triunfo logrado contra el asedio y pretensión de asalto a la “Casa Rosalina” por el gobierno del estado.

Pero, además, todo confluyó con la estrategia que definió el consejo universitario, como fue ponderar la batalla legal la vía fundamental para detener el intento de violación de la autonomía universitaria con la ya conocida reforma a la ley de educación superior del estado de Sinaloa, la cual violentaría la constitución política de México. Por eso fue enaltecedor el reconocimiento público al cuerpo de abogados que han encabezado esta batalla, quienes hasta el momento no han perdido ningún litigio contra el gobierno estatal, la cámara de diputados, la fiscalía, la ASE y la unidad de inteligencia patrimonial de la FGE.

Sin duda muy merecido reconocimiento a los doctores Ramón Bonilla, Milton Ayala, Carlos Ontiveros Salas, Carlos Ontiveros Elguezabal, Yamir Valdez y todo el gabinete jurídico de la UAS, precisamente porque ese fue el campo vital de la batalla por la defensa de la autonomía al representar el soporte de los ataques del gobierno.

Ciertamente las movilizaciones diversas fueron ingredientes valiosísimos por que representaron la tropa de un comando que golpeo en el punto exacto al gobierno de Rubén Rocha: en su ilegalidad.
Junto a todo, hay que reconocer la fortaleza de los liderazgos, particularmente los de Jesús Madueña Molina y Robespierre Lizárraga Otero, quienes seguramente, mas allá de todo el lodo y escarnio que han sufrido con las calumnias y campañas mediáticas de difamación, también habrán sido cortejadas con el veneno de la serpiente, como también amenazados por el traidor, pero como decía el viejo Galileo, aquí están, de pie, firmes y con el valor y estatura, para llamar a la “reconciliación, entendimiento y voluntad para los acuerdos”.

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