La traición a Claudia y la imposición de candidatos de Morena en Sinaloa

Álvaro Aragón Ayala

La lucha intestina, despiadada, que se libra por las candidaturas a las alcaldías, diputaciones locales y federales y a las posiciones del Senado de la República, convirtieron en una olla exprés al Movimiento de Regeneración Nacional, partido que está a punto de explotar por la reciente adhesión a sus filas de una corriente de políticos traidores del PRI y del PAN que abrevaron de los establos de los ex gobernadores priistas Jesús Aguilar Padilla (QEPD) y Quirino Ordaz Coppel.

La guerra se desató por las lecturas que envía Rubén Rocha Moya al morenismo puro en el sentido de que será él, y nadie más que él, quien imponga a todos los candidatos, y será él quien dirija sus campañas, convirtiendo a la hipotética dirigente estatal Morena, Merary Villegas, en una simple cancerbera de los planes oficiosos del mandatario estatal. El gobernador advirtió a los alcaldes que no se metan en el proceso de elección de candidatos, que “no se metan en lo que no les corresponde”.

Para los morenistas puros no cabe la menor duda de que el gobernador pretende postular como candidatos de Morena en Mazatlán, Juan José Ríos, Culiacán y otros municipios y distritos electorales a expriistas y ex panistas que acaba de sumar a Morena, en una jugada que pretende fortalecer un proyecto personal de él, de Rubén Rocha, a costa del derrumbe y el desplazamiento de Morena y de la deshonra y caída de la campaña de la virtual candidata presidencial Claudia Sheinbaum Pardo.

El gobernador traiciona intenta avasallar a la base militante de Morena y pretende acabar de sepultar a los fundadores de este partido, y consolidar un solo grupo: el Rochismo, maniatando y desplazando a los alcaldes que son los jefes territoriales de corrientes morenistas que mantienen a raya el posible avance del PRI y al PAN. Con la mano en la cintura, Rubén Rocha quiere para sí todo el pastel político y repartirlo como le venga en gana.

El gobernador proyecta cerrarle el paso al morenismo puro y al obradorismo, anulando sus derechos políticos y electorales, negándoles el derecho a ser votados, pero, sobre todo, le urge mandar la lectura a Claudia Sheinbaum y a la dirigencia nacional de Morena que ella no manda en Sinaloa, de que el que dispone y controla políticamente los municipios y distritos es él, y por tanto tiene el derecho de nombrar a todos los candidatos.

El gandallismo del mandatario estatal mantiene a los militantes puros, a los obradoristas y a todos los alcaldes morenistas con el hacha de guerra desenterrada, apuntando hacia el gobernador, dispuestos a la defensa de sus territorios y sus cotos de poder, despertando la idea de integrar frentes municipales o de ser posible un bloque estatal que pare en seco la canallada de Rubén Rocha que tiene planes de ceder las candidaturas de Morena a sus recomendados traidores del PRI y del PAN.

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